Rarezas



El cristal de mis ojos



El cristal de mis ojos está herido
por algún viento arcano
y mis frágiles dedos, rama verde,
son árboles en susto.

Mis vacilantes pies, primera greda,
apenas pueden sostener los sueños.

Pequeñez de mujer y bordeándome
riberas imposibles a este ansia
de edificarme sola
desde el umbral de mi desasosiego.

Sed ya no sé de qué milagro último
que me alivie el dolor.
Inalcanzable límite de mí
etéreo e imposible que me obliga
a tensar la mirada -vidrio y miedo-
y el árbol de mis dedos arraigarlo
en tímido ademán, y con las huellas
de mis pasos, tatuarme de mi sangre
todo mi ser sufriente.

Para ser uno mismo




Para ser uno mismo hay que mirar despacio
la extrañeza que causan los radios del futuro
labrarse un nuevo mantra exento de cianuro
y recibir la vida con lúdico prefacio.

Poner el alma al sol que respire el espacio
más allá de las zonas de eterno claroscuro
donde el pasado deja su rastro de siluro
y cerrar con amnesia su triste cartapacio.

Con sed de infinitud reiniciar el sendero
descalzo y peregrino con la mochila al hombro
y el álbum puesto al día de la supervivencia.

Arroparse los párpados en este mes austero
y caminar con calma más allá del asombro
sin hacer del pretérito constante penitencia.


Luces y sombras




Pude romper el alba, anochecida,
arropando los fríos de tu pecho.
Pude abrir el zaguán de tu barbecho
y hacer mía la sangre de tu herida.

Pude marcarle el rumbo a la deriva
de la deprivación siempre al acecho.
Fue muy larga la noche y muy estrecho
el tránsito del aire por tu vida.

Tú que de mi bogar remero fuiste
a mi franca amistad acogedora
abriste el corazón. Y te rendiste.

Y aunque nos conocimos a deshora
de mi hálito en tu ser amaneciste
y tu voz le dio luz a mi dolora.



Sin respuesta






¿Recordarás tal vez mi poesía
cuando el tiempo de tregua al fin termine
y este ser que la crea y la define
navegue entre el vinagre y la agonía?

¿Hallarás el envés del mediodía
en las oscuridades del camino
cuando el Alma con cántico asesino
esté vagando en búsqueda del día?

Hay veces que mi verso se convierte
en anodina voz que nada espera
más que llegue la hora de su muerte.

Etérea y de cristal mi sementera
se agostará conmigo. Voy inerte
hacia otra dimensión y otra quimera.

Aria saturnal (sextetos lira)




Cuando estás junto a mí
me aprietas la cintura
en medio de un océano imposible.
La mística sufí
se olvida en la aventura
de tu salinidad incontenible.

Porque soy la raíz
de un árbol cuyo fruto
necesita tu boca y te da agua
al mínimo desliz
-tú siempre tan astuto-
produces la erupción del Tungurahua.

Provocas en mi sexo
el fosfeno y la noche
y ese dulce apagón de la conciencia
que se clava en mi plexo
en vuelo de alimoche
con música y enorme virulencia.

Un extraño lenguaje
palpita en nuestras bocas
y en las brumas calientes de mi tacto.
Escudriño salvaje
tu cuerpo cuando invocas
parar el tiempo en el momento exacto.


Y te preguntas cuándo
me cortaré las venas
de las seis de la tarde y sin caricias
para llegar volando
al toque de mis quenas
y gozar del jardín de las delicias.

Y es que eres igual
que una orquesta sonámbula
dulce loco que toca concentrado
un aria saturnal
que reta a mi noctámbula
al insomnio pegada a tu costado.

Seguidillas



En mi pecho se ocultan
constelaciones
y el arpa que quisieras
fuera a tu acorde.
Soy arrecife
de corales que juegan
al escondite.

Voy calando en tus venas
desconocidas
sembrándole palabras
a tu rutina
mientras mi instinto
caballo desbocado
finge que finjo.

No me duele la vida
si el desconcierto
que nutre tus raíces
exuda miedo.
Dejo mi rastro
para alumbrar tus ansias
como regalo.

De antigüedad de lunas
vengo llegando
y penetran mis brasas
hasta tu cuarto.
Soy inquietante
sólo estela de humo
inalcanzable.

Si las penas desbordan
hoy tus bolsillos
agárrate muy fuerte
ven a mi asilo.
Soy una xana
que aunque vive en incendio
es pura calma.

La Xana es uno de los personajes más conocidos de la mitología asturiana y leonesa.

Feed back

Tú le das a mi verso la frescura
si me convierto en tierra de secano,
vaso comunicante que aun lejano
cede  la lluvia que mis males cura.

Tu fuego pirotécnico de altura
estalla en mis adentros, y en tu mano
un ardor decisivo y cotidiano
reconstruye mi anárquica estructura.

No mires hacia el sur, hazlo a mi norte
porque te guíen sus constelaciones
y así poder atravesar las sombras.

Si adviertes compañero mi desnorte
no me dejes llorar por los rincones.
Sólo existo en la luz si tú me nombras.




De la persecución de las palabras- IV





Presta atención a los rodales por donde yo piso; mas no olvides, algún día te enterarás, que como dijo un poeta, adonde tienes que ir es a ti sola. Ojalá no tengas que ir nunca al hondón oscuro de la noche.

Lo tuyo no es la noche.

Carmina amatoria


Cuando voy a Madrid, arrecian las murallas
de mi memoria. El tren casi me parte
el flequillo de fuente de Cibeles
y el jersey de colores que llevaba
la noche de Aranjuez cuando dormían
los pájaros azules de Sorolla.

Resuena en mi interior
el Carmina Burana, estoy marcada
por una zarza ardiente y no encuentro mi sitio. 
Qué destierro.

Está en su ser el tiempo. Me pregunto
qué fija profecía me disloca
los huesos, las campanas y el cajón
donde guardaba todos mis poemas,
aquél estudiantado de los años setenta
corriendo por delante de los "grises",
llevar al mar mis libros
pasear por la tarde en el crepúsculo
o aguantar tantos pájaros ahí dentro.

Acurruco los ojos en mis manos
apoyando mi historia, ya se oyen
los gritos mientras trillo cobre duro.
Ay qué universo el mío, 
sobre la mesa
un lago se desborda de mi vaso.

Lo mío son los ríos, son las aguas
tumultuosas, rápidas, los cántaros
arreciando penúltimas orillas
hacia la luz, la mar, este diluvio
en mi Madrid tan sóla. Me han dejado
sin nadie cuántos días. Aún no llegas
pero sé que me esperas
con los labios en flor para besármelos.

Duda




Viva o muerta, no sé si esta es mi vida
que aquí se agota o que después perdura,
si sueño o sinrazón, falacia pura,
o la estación para una despedida.

Me angustia estar jugando la partida
contra el tiempo, apostando a la aventura
en la ruleta gris de la incordura
sin beneficio en la ocasión perdida.

Yo no alcanzo a vivir de otra manera
con la sombra alumbrando mi presente
hundiéndome en el suelo donde piso.

Si la vida es infierno permanente
al otro lado de la gran espera
sólo puede existir el paraíso.

Lebasi

Isabel, pesadumbre y vientos claros,
nieve apretada en fuego contenida,
secreto de la piedra envejecida
y dadora de vida sin reparos.


Lleva el pecho cargado de ramajes,
el cuerpo leso y el mirar vencido.
A tantas sombras ha sobrevivido
que se encuentra marcada con tatuajes.

Lejos de ella la noche bebe muerte
y el agua se despeña entre sus lomas.
En sus rotos espejos hay palomas,
lagos, piedras azules... y agua fuerte.

Es semilla y es tierra que aún espera
un corazón de niña primavera.


2005

Crepuscular




Por estas calles al mar
barrio de los marineros
voy llevando entre las redes
y la tarde mi silencio.


Es Cantábrica la tarde
y mis ojos madrileños
van añorando, añorando
-¡voces de viejos conciertos!-
yo no sé qué vecindades
ni qué lejanos allegros.

Los árboles de ésta tierra
mástiles verdes al viento
tal vez vean la tristeza
de este poniente tan lejos...

Destello oscuro


Desde mi pelo baja suavemente
me acaricia despacio la mirada
se detiene en mi boca como un pájaro
y cincela su luz entre mis pliegues.

Pone un collar festivo por mi cuello
y aprieta dulcemente su puñado
de nieve luminosa que coloca
por las suaves colinas de mis senos.

Extiende todo un campo entre mis manos
posando su perfume por los dedos.
Como el aire atraviesa mis jardines,
árbol, árbol y árbol, tan andados,

para cuidar mi boca y mis silencios.

Mis piernas como notas musicales
las recorre sin pausa, lentamente,
y en mis pequeños pies, junto a la tierra,
-en la hierba que en vilo me mantiene-
por el claro intersticio de mis huellas
pone la muerte amor para que viva.



Autores de la imagen: Aleksey and Marina 
                                                               

Liturgia



Yo no sé si me he muerto todavía,
si el recordar nos tumba la memoria
como a ese cadáver que lloramos
o tiene mi partida nacimiento.

Estoy amortajando mi inocencia,
esa escueta verdad tan transcurrida
de la vida pasada: nada es cierto.
Sólo un grito invernal que no prospera.

Ocurrió que me amaron. Tardé tanto.
Tardaron muchos siglos en traerme
su cesto de alegría, sus salobres
naranjas de ceniza. Resbalaron.

Cayeron prontamente derrotadas
las caricias al suelo. Yo no iba
destinada a vivir. Y espero ahora
metiéndome en un cuadro de difuntos.

Mas una catedral va por mis ojos,
una letra miniada me apuntala
y quien sabe si queda el restañarme
otra vez como un niño en pergamino.

¿Todo está ya allá en su sitio?
¿O han cambiado el salón, y los papeles
pintados los cambiaron de lugar
y no saben mis ojos regresarse?

(Irse de un sitio a otro es inscribirte
a aguardar que tu entierro te guarezca
y los cipreses lleguen)

¿Pero fui yo quien todos abrazaron?
No me acuerdo de nada en este duelo
sino de su tristeza cuando iban
quedándose sin mí.

Yo les hablé de luz con estos ojos
que han de pudrir la tierra.
Si volviera sabrían que no miento.

Vuelvo a dónde nací. Torno a mi propia
desnortada raíz,  a las dos manos
cruzadas en el pecho del paisaje
mientras rezan en corro mis parientes.

No mentí como van por ahí –los oigo-
diciendo unos a otros. Simplemente
ordené mis jirones 
-oficio de difuntos mi liturgia-

La vida es sólo eso, ya es sabido.
Venir de un lado a otro, y corregirte
un verso, una palabra, aquel abrazo.
Notar que nada tienes sino nada.



De cegueras




Cuánto añico en tus ojos, cuánta pena
en el turbio silencio de tu fosa.
El tiempo se hace cruel y hay una losa
que al pasado de luto te encadena.

Tu crepúsculo gris me desordena.
Eres piedra creyéndote una rosa
y porque en ti la luz jamás se posa
exiges claridad en tu condena.

Testigo presencial fui de la herida
a la que voluntaria te has anclado
y gangrena tu alma muerta en vida.

Cenizas del amor, amor cegado,
y yo que siempre fui muy decidida
he clavado mi olvido en tu costado.

Morir de silencio




Un silencio de música se aferra
al ritmo desgarrado de mi acento,
me empuja hacia un abismo, que friolento,
 hiela el caudal que mi garganta encierra.

Voz de mi voz que lucha, verso a tierra,
por aquietar la sed del desaliento,
busca en mi corazón el alimento
que infunda paz en medio de mi guerra.

Sin tu magia me encuentro tan perdida
que las horas son llagas en mi suerte
y la palabra, muda, es otra herida.

No merezco el castigo de perderte.
Si a tu lado morí más de una vida
 sin ti he de vivir más de una muerte.
 
Primer premio X certamen internacional Memorial Bruno Alzola García entregado por D. Antonio Gamoneda.


Nocturno




Ahora sobre el alero
la luna, triste, se alza
y dialoga antigüedades
con no sé qué voces blancas.

Hay algo extraño en la calle
retorcida y solitaria.

Acaso yo no soy yo,
tal vez no son mis pisadas
éstas que van en la noche
rompiendo la oscura calma.

Los versos que voy pensando
quizás no son mis palabras.

Algo ha pasado en el tiempo.

¿Es otra edad ya lejana,
otra noche y otra luna
dialogando con el alba?

Del derecho y del revés

Intentaré escribirme del derecho
sin torcer los renglones. Soy feliz.

Y podréis entenderlo si captáis
que mi palabra siempre es provisoria:
soy  capaz de cortar las tempestades
y espejos interiores de mis lágrimas,
enternecerme con la faz de un niño
con la triste certeza
de que su inmensidad dura un momento

Me escribo del derecho
y me queman los párpados de rabia
si no puedo asumir la geografía
del hombre que malvive en la miseria.

Si escribo del revés
puedo tener mil playas en los manos
y doblar todo el mar como un pañuelo
que recoja los llantos de los mapas.

Me escribo del derecho
cuando huyo en un pétalo de luna
de lo superficial e innecesario.
Soy la brizna pequeña, el infinito,
soy el sol en el centro de mi rostro
con la respiración honda y serena
y un corazón en música de folk.

Me escribo del derecho
y amo la vida, sí, y amo a los hombres.
Mi horizonte está en paz y suena y canta
la gente alrededor.

Por eso y mucho más nada os suplico.

Dejad que sea yo quien se reinvente.

Charada


Abrigué con el cálido sol de la alborada
silencios astillados, escarchas, soledades,
-me vomitaba el cielo sus ácidas verdades
y un ramito de muérdago fue símbolo de nada-.

Disgregado mi mundo, compuse una charada
con los hielos del alma y sus acuosidades
y restauré las partes de mis rotas mitades
con hilos agridulces y retales de albada.

Siempre al final del túnel se retira la sombra
que anuncia  los umbrales de los desasosiegos
con las manos alígeras del aire de la vida.

Tristemente herrumbrosa la soledad me nombra
más pretendo encender en mi carne los fuegos
y vivir con pasión mi tiempo de partida.

Desaliento


Mi alma añora el júbilo en la lejanía, conspira contra la amargura y fuma abrazada a mis poemas mientras copia el añil homicida del cielo.

A veces y a deshora, sale y apura venenos de vampiro y trata con serpientes que mienten de forma esdrújula.

Luego regresa de nuevo bajo su techo, tal y como partió: gravemente enferma.

Compartimos las dos el mismo desaliento.
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