Rarezas


Carmina amatoria


Cuando voy a Madrid, arrecian las murallas
de mi memoria. El tren casi me parte
el flequillo de fuente de Cibeles
y el jersey de colores que llevaba
la noche de Aranjuez cuando dormían
los pájaros azules de Sorolla.

Resuena en mi interior
el Carmina Burana, estoy marcada
por una zarza ardiente y no encuentro mi sitio. 
Qué destierro.

Está en su ser el tiempo. Me pregunto
qué fija profecía me disloca
los huesos, las campanas y el cajón
donde guardaba todos mis poemas,
aquél estudiantado de los años setenta
corriendo por delante de los "grises",
llevar al mar mis libros
pasear por la tarde en el crepúsculo
o aguantar tantos pájaros ahí dentro.

Acurruco los ojos en mis manos
apoyando mi historia, ya se oyen
los gritos mientras trillo cobre duro.
Ay qué universo el mío, 
sobre la mesa
un lago se desborda de mi vaso.

Lo mío son los ríos, son las aguas
tumultuosas, rápidas, los cántaros
arreciando penúltimas orillas
hacia la luz, la mar, este diluvio
en mi Madrid tan sóla. Me han dejado
sin nadie cuántos días. Aún no llegas
pero sé que me esperas
con los labios en flor para besármelos.

Duda




Viva o muerta, no sé si esta es mi vida
que aquí se agota o que después perdura,
si sueño o sinrazón, falacia pura,
o la estación para una despedida.

Me angustia estar jugando la partida
contra el tiempo, apostando a la aventura
en la ruleta gris de la incordura
sin beneficio en la ocasión perdida.

Yo no alcanzo a vivir de otra manera
con la sombra alumbrando mi presente
hundiéndome en el suelo donde piso.

Si la vida es infierno permanente
al otro lado de la gran espera
sólo puede existir el paraíso.

Lebasi

Isabel, pesadumbre y vientos claros,
nieve apretada en fuego contenida,
secreto de la piedra envejecida
y dadora de vida sin reparos.


Lleva el pecho cargado de ramajes,
el cuerpo leso y el mirar vencido.
A tantas sombras ha sobrevivido
que se encuentra marcada con tatuajes.

Lejos de ella la noche bebe muerte
y el agua se despeña entre sus lomas.
En sus rotos espejos hay palomas,
lagos, piedras azules... y agua fuerte.

Es semilla y es tierra que aún espera
un corazón de niña primavera.


2005

Crepuscular




Por estas calles al mar
barrio de los marineros
voy llevando entre las redes
y la tarde mi silencio.

Es Cantábrica la tarde
y mis ojos madrileños
van añorando, añorando
-¡voces de viejos conciertos!-
yo no sé qué vecindades
ni qué lejanos allegros.

Los árboles de ésta tierra
mástiles verdes al viento
tal vez vean la tristeza
de este poniente tan lejos...

Destello oscuro


Desde mi pelo baja suavemente
me acaricia despacio la mirada
se detiene en mi boca como un pájaro
y cincela su luz entre mis pliegues.

Pone un collar festivo por mi cuello
y aprieta dulcemente su puñado
de nieve luminosa que coloca
por las suaves colinas de mis senos.

Extiende todo un campo entre mis manos
posando su perfume por los dedos.
Como el aire atraviesa mis jardines,
árbol, árbol y árbol, tan andados,

para cuidar mi boca y mis silencios.

Mis piernas como notas musicales
las recorre sin pausa, lentamente,
y en mis pequeños pies, junto a la tierra,
-en la hierba que en vilo me mantiene-
por el claro intersticio de mis huellas
pone la muerte amor para que viva.



Autores de la imagen: Aleksey and Marina 
                                                               

Liturgia



Yo no sé si me he muerto todavía,
si el recordar nos tumba la memoria
como a ese cadáver que lloramos
o tiene mi partida nacimiento.

Estoy amortajando mi inocencia,
esa escueta verdad tan transcurrida
de la vida pasada: nada es cierto.
Sólo un grito invernal que no prospera.

Ocurrió que me amaron. Tardé tanto.
Tardaron muchos siglos en traerme
su cesto de alegría, sus salobres
naranjas de ceniza. Resbalaron.

Cayeron prontamente derrotadas
las caricias al suelo. Yo no iba
destinada a vivir. Y espero ahora
metiéndome en un cuadro de difuntos.

Mas una catedral va por mis ojos,
una letra miniada me apuntala
y quien sabe si queda el restañarme
otra vez como un niño en pergamino.

¿Todo está ya allá en su sitio?
¿O han cambiado el salón, y los papeles
pintados los cambiaron de lugar
y no saben mis ojos regresarse?

(Irse de un sitio a otro es inscribirte
a aguardar que tu entierro te guarezca
y los cipreses lleguen)

¿Pero fui yo quien todos abrazaron?
No me acuerdo de nada en este duelo
sino de su tristeza cuando iban
quedándose sin mí.

Yo les hablé de luz con estos ojos
que han de pudrir la tierra.
Si volviera sabrían que no miento.

Vuelvo a dónde nací. Torno a mi propia
desnortada raíz,  a las dos manos
cruzadas en el pecho del paisaje
mientras rezan en corro mis parientes.

No mentí como van por ahí –los oigo-
diciendo unos a otros. Simplemente
ordené mis jirones 
-oficio de difuntos mi liturgia-

La vida es sólo eso, ya es sabido.
Venir de un lado a otro, y corregirte
un verso, una palabra, aquel abrazo.
Notar que nada tienes sino nada.



De cegueras




Cuánto añico en tus ojos, cuánta pena
en el turbio silencio de tu fosa.
El tiempo se hace cruel y hay una losa
que al pasado de luto te encadena.

Tu crepúsculo gris me desordena.
Eres piedra creyéndote una rosa
y porque en ti la luz jamás se posa
exiges claridad en tu condena.

Testigo presencial fui de la herida
a la que voluntaria te has anclado
y gangrena tu alma muerta en vida.

Cenizas del amor, amor cegado,
y yo que siempre fui muy decidida
he clavado mi olvido en tu costado.

Morir de silencio




Un silencio de música se aferra
al ritmo desgarrado de mi acento,
me empuja hacia un abismo, que friolento,
 hiela el caudal que mi garganta encierra.

Voz de mi voz que lucha, verso a tierra,
por aquietar la sed del desaliento,
busca en mi corazón el alimento
que infunda paz en medio de mi guerra.

Sin tu magia me encuentro tan perdida
que las horas son llagas en mi suerte
y la palabra, muda, es otra herida.

No merezco el castigo de perderte.
Si a tu lado morí más de una vida
 sin ti he de vivir más de una muerte.
 
Primer premio X certamen internacional Memorial Bruno Alzola García entregado por D. Antonio Gamoneda.


Nocturno




Ahora sobre el alero
la luna, triste, se alza
y dialoga antigüedades
con no sé qué voces blancas.

Hay algo extraño en la calle
retorcida y solitaria.

Acaso yo no soy yo,
tal vez no son mis pisadas
éstas que van en la noche
rompiendo la oscura calma.

Los versos que voy pensando
quizás no son mis palabras.

Algo ha pasado en el tiempo.

¿Es otra edad ya lejana,
otra noche y otra luna
dialogando con el alba?

Del derecho y del revés

Intentaré escribirme del derecho
sin torcer los renglones. Soy feliz.

Y podréis entenderlo si captáis
que mi palabra siempre es provisoria:
soy  capaz de cortar las tempestades
y espejos interiores de mis lágrimas,
enternecerme con la faz de un niño
con la triste certeza
de que su inmensidad dura un momento

Me escribo del derecho
y me queman los párpados de rabia
si no puedo asumir la geografía
del hombre que malvive en la miseria.

Si escribo del revés
puedo tener mil playas en los manos
y doblar todo el mar como un pañuelo
que recoja los llantos de los mapas.

Me escribo del derecho
cuando huyo en un pétalo de luna
de lo superficial e innecesario.
Soy la brizna pequeña, el infinito,
soy el sol en el centro de mi rostro
con la respiración honda y serena
y un corazón en música de folk.

Me escribo del derecho
y amo la vida, sí, y amo a los hombres.
Mi horizonte está en paz y suena y canta
la gente alrededor.

Por eso y mucho más nada os suplico.

Dejad que sea yo quien se reinvente.

Charada


Abrigué con el cálido sol de la alborada
silencios astillados, escarchas, soledades,
-me vomitaba el cielo sus ácidas verdades
y un ramito de muérdago fue símbolo de nada-.

Disgregado mi mundo, compuse una charada
con los hielos del alma y sus acuosidades
y restauré las partes de mis rotas mitades
con hilos agridulces y retales de albada.

Siempre al final del túnel se retira la sombra
que anuncia  los umbrales de los desasosiegos
con las manos alígeras del aire de la vida.

Tristemente herrumbrosa la soledad me nombra
más pretendo encender en mi carne los fuegos
y vivir con pasión mi tiempo de partida.

Desaliento


Mi alma añora el júbilo en la lejanía, conspira contra la amargura y fuma abrazada a mis poemas mientras copia el añil homicida del cielo.

A veces y a deshora, sale y apura venenos de vampiro y trata con serpientes que mienten de forma esdrújula.

Luego regresa de nuevo bajo su techo, tal y como partió: gravemente enferma.

Compartimos las dos el mismo desaliento.

Mujer de viento




Qué verdad es verdad y qué mentira cierta
es este laberinto de esdrújulas de fuego
cuando puedo doblar el mar igual que un pliego
o resumirme en dédalo por mantenerte alerta.
Yo soy ese misterio, primavera en tu huerta,
de fuentes y azaleas y el vino no escanciado
en jícara de arcilla que se duerme a tu lado
jugando con el aire del filo de tu boca.

Soy la mujer de viento que al viento descoloca
y cometa en las manos de un hombre desnortado.

Insumisa


Creedme cuando digo que soy una insumisa
si algún hombre pretende acomodarse
al borde de mis senos.

Entonces me describo transparente
para dejar las cosas en su sitio.

No soy mujer al uso, sólo soy
un enigma que escribe en tinta roja
y cambia de color si acaso advierte
terrenos pantanosos en las huellas
de su más descarnada introversión.

Una mujer que tiene muchas tablas
a fuerza de saber de las pasiones.


Yo soy esa mujer que nunca tuvo miedo.


Provocaciones II




Estoy aquí de nuevo, aunque te asombre,
aunque queden desiertas mis palabras
aunque quemes la pluma con que labras
las formas de mi nombre.

Estoy aquí jugando con tu sueño
fíjate como soy, llana y sincera,
y hasta que salga el sol por Antequera
beberás mi beleño.

Si estoy en el sonar de tus relojes
haz fuego con la luna de Valencia
y quémame desnuda.

Inquisidor de mí, no te me enojes
pues soy ambigüedad, verdad y duda:
espero tu sentencia.

Provocaciones




Tentadora tu voz, tus versos y tu boca
si se acerca hasta mí dadora y sin tropiezo.
Contigo me despierto, me talo y descortezo
como el árbol de junio que el solsticio equivoca.

Tentadores tus ojos que el mundo desenfoca
y los míos despiertan de su antiguo bostezo
como despierta el tiempo en la flor del cerezo
si florece en el Jerte que a vivir me convoca.

Yo soy tu paralelo y tú mi meridiano
en un mundo de abismos que se levanta en armas
y que avanza en poemas buscando transcendencia

Por un mundo que sea más justo y más humano,
por fusil la palabra curadora de karmas
unidos para siempre por pura coincidencia.


Coplas



Mujer de viento y furia
sin guardaespaldas
narcótico en la lengua
ácida el alma.
Y si me hieren
un temblor de estampida
suena en mi frente.

Mi carmín en tu cuello
cintura en armas
hoy sueño que me sueñas
vuelan mis ansias.
Como raíces
mis cabellos se enredan
entre tus crines.

Meteoro borracho
cuando no hay viento
tú me estiras las venas
barriobajero.
Entre tus manos
laberinto de humo
para besarnos.

Se filman mutuamente
nuestras miradas
y si tú te me acercas
danzan las xanas.
Rosa de pólvora
cuando estalla mi cuerpo
junto a tu boca.

Te imagino vibrando
en la tormenta
de la oscura rutina
el fardo a cuestas.
También te veo
pulsando los relojes
de mis secretos.

Si adviertes que me dañan
los sentimientos
rebaños de cometas
ata en un gesto.
No habrá palomas
que con ojos de cuarzo
maten las rosas.

La náusea de las cosas




Entre vosotros, creadores anónimos
he podido apreciar la náusea de las cosas.
El perfil de la nada y sus imágenes,
su abstracción más allá de la apariencia.

Perdidos la extrañeza y el asombro
a fuerza de asombrarme y extrañarme.

Me habéis tendido un puente sin fisuras
en la cacofonía del silencio.

"Escucharás -decís- dos tonos:
el flujo peregrino de la sangre
y un runrún circular en tu cabeza".

Perdida la vergüenza
a fuerza de arrancarme de lo humano
y cuánto os lo agradezco
pues me llenáis de gozo abominando
de aquello de lo cual tanto abomino.

Escuchar el silencio



A JL. J. Villena

Escuchar el silencio solo espero 
desde el espacio tenue en el que miro 
el paisaje inquietante en el que expiro 
y que tiene mi grito prisionero. 

Habito en la tiniebla en la que muero
y es tan negro el abismo en el que giro 
que más lo siento cuanto más respiro 
y más respiro cuanto más lo quiero. 

Transparente quietud que siempre muda 
se siente. No susurra ni delira 
el misterio infernal donde se halla 

tan escondida su verdad desnuda, 
que más se calla cuanto más suspira 
y más suspira cuanto más se calla. 

Qué voy a hacer

Qué voy a hacer
con todo lo que sobra,
las cosas que no me llevaré cuando llegue el momento.
Esta casa que cuido,
el cuadro a petit point sobre la chimenea,
el silencioso piano,
la lámpara art deco del comedor,
con ese espejo antiguo que en el hall os recibe.

Qué voy a hacer
con las cosas que voy reordenando,
los libros que me traje de lugares remotos,
las hojas que reviso cuando miro al futuro,
mi lista de tareas y recuerdos.

Quién me va a recordar si me encuentro tan sola
en esta casa grande rodeada de enseres olvidados.

Quién cuidará mi nombre
quién cuidará del vuestro o regará
la alegría infinita de mis nietos.

Qué voy a hacer
cuando todo termine,
los objetos hermosos sobre el arca,
el aplique que alumbra la noche de los pasos,
la foto de mi boda, mi retrato de niña,
de esa niña tan huérfana que jamás se atrevió
a mendigar un trozo de ilusión y que espera
atrapar con sus manos un instante de paz
sin llegar a encontrarla.
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