Por amr al arte
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Niñalondra




A niñalondra se le transparenta el alma por el cristal de los espejos. La porcelana florecida de su cara es igual que un pecado luminoso, y de ella se puede esperar un corazón de niña-mujer como para sacar los colores a cualquiera. Como en esta tierra el verde es abundante, a su cara le dio por ser un paraíso, música desvestida y un mohín en la boca en espera del hombre que la cubra de ternura.

Si la miras te darás cuenta de que su cuerpo de hembra abarcadora se dirige hacia el edén de Proust recordándole a la memoria el tiempo desandado, como si se pusieran entre paréntesis las grietas del pan y el resfriado del viento en las esquinas, y desearan los sueños besarla en los labios con todo el sofocón de la canícula.

Al principio fue la locura. Luego llegó la luz. Hoy es un sol rodando incólume hacia un atardecer que encela al horizonte. Todo se lo debe al horóscopo desabrochado de haber nacido en esta tierra donde las lluvias son interminables. Por eso un rostro como el suyo muestra la boca de colegial que se hubiera soltado, al fin, de la mano de su madre.

Su perfil es como un madrugón de manzana. Todo su rostro un bosque que arde. Pura lírica pues.

He llegado otra vez



Hoy me acerco a hurtadillas con palabras
rescatadas del frío de la ausencia,
porque la vida sigue y no lo ignora
éste mi corazón adolorido.

Tan negros son los sueños que me guían
que se rajó la luz y ya no veo
resbalarse la mar entre mis ojos
y en mi pecho se agolpan
las naves del silencio que el cerebro mantiene

Precisamente no será mi historia
lo que los cuentos dicen.
Siempre guardo el dolor para el ajeno
mientras el llanto
se escapa por las grietas de mi vida.

He llegado otra vez , no preguntadme cómo.
Sopla el viento en mis párpados ¿lo oís?

Dónde, cuándo



Ahora donde cumple el pensamiento
sus misiones postreras, aquí hubo
un torrente de voz.
Vertió la inmensidad de mis palabras
mientras iba
coleccionando sol entre mis labios.

Ahora, cuando el aire
en mis portones bate quejumbroso,
el corazón recuerda aquellos días
míos, como una fruta o como un verso
que huele a mar tranquilo y sabe a tarde.

Porque tuve
una madeja dulce de sonidos
aún por desatar, mas hoy en día
las letras me persiguen
por los rincones, dudan, titubean
y se aguantan el susto.

Dónde, cuándo
ha de cumplir mi vida su postrera
condición de esperanza
si mi palabra huye a agazaparse
detrás de los postigos
de la noche que llega sin remedio.

Eres solo palabra

Tú no estás en ti misma. Tú no eres
la fiel ordenadora de las cosas.

Tú eres de otras horas, de otros días
y se te venir desde otros tiempos. 

Nadie sabe qué mares,
qué surcos, qué alto cielo, te recorren.

¿Cuántas eres en ti, cuántas mujeres
resumes en tus ojos y en tu pluma?

Vas viviendo
en vilo el corazón y de puntillas
toda la tierra en flor que te construye
enigmática y sola. Vas andando
preguntando por ti sin encontrarte.

Nadie sabe
cómo hay que mirarte
cuando subes al cerro de tus ojos.

Tú no eres de ti. Eres solo palabra,
émula fiel del trigo, compañera,
alma entera de mí que te conozco.

Message in a screen


No te pares en Tiffany que sabes no me gusta
desayunar Beluga con champagne y diamantes
ni preciso siquiera que todos mis amantes
me pongan un anillo a su medida justa.

Posiblemente pienses que sigo siendo injusta
con tu ancestral deseo y mis muchos desplantes
al cómplice cariño que llegó mucho antes
que estallara en canales una ciudad vetusta.

Si tú ya me conoces, si sabes que no quiero 
compromisos perpetuos, ni lazos, ni cadenas,
que hace tiempo lavé la flor de mi amargura.

No lograrás que cambie. Por eso nada espero,
que libre soy y libre seré si no cercenas
los límites del aire que envuelve mi cintura.

Levantisca





No tirites por mí, soy la mortaja
capaz de cautivarte en su tristeza
y es que yo soy el celo y la pureza
que oculta en verso abrigará tu caja.

No tirites por mí, soy la navaja
que se clava en tus credos con fiereza.
Soy una rara avis de crudeza,
lejos de ti y para siempre alhaja.

Seguro que será tu subconsciente
el que crea figuras a medida
y una mera ilusión en cada instante.

No encuentro cauce para tanta fuente
si  me piensas poeta seducida.
Soy agua que se va con el levante.


Voz y palabra




Alza la voz más fuerte que la mano,
no la palabra a su equilibrio atada.
Alza la voz, la pura  voz lograda
solamente por ti, sin nada vano.

Trenza del mundo y laberinto humano
en medio de los aires desatada.
Pon la palabra tú, ya enajenada
de propia soledad, tú el meridiano.

Emplaza tú la voz, tu voz tan solo,
nivela su ansiedad con otro polo
y en medio, insobornable y luminosa,

pon la palabra que tu voz presiente,
que traduzca el latido de tu mente
y brotará tu voz de cualquier cosa.


Felinos I Erótica-mente)


Vamos como felinos 
rondando las aceras
nos delata el olor de nuestro celo.
Somos cuerpos vecinos
con artes hechiceras
llamados a gozar del mismo cielo.

Azul es el paisaje
que abraza quien se expone
al punto cenital de mis latidos.
Si emprendes ese viaje
-valor se te supone-
sabrás de laberintos encendidos.

Habrás de imaginar
que el centro de mi plexo
se quema entre la tierra de tus labios
si llegas a encontrar
el confín de mi sexo
oculto en mis felinos astrolabios.

Caótico preludio
de húmedas caricias
a merced de tus manos agitadas.
Andas presto al estudio
del cuerpo que codicias:
transitas por mi piel en oleadas.

Acércate y explora
mi mapa corporal
adéntrate en la cumbre de mis gozos,
allí donde se escora
la marea sensual:
paradoja de risas y sollozos.

Sabrás que por mi piel
han quedado señales
-pedazos de un desierto insatisfecho-.
Muñeca de papel
tus besos minerales
vibrarán al galope de mi pecho.

Permanezco en la arcilla
que esculpe tus pisadas
como fiera que acecha, solitaria,
promiscua pesadilla
de lenguas agostadas
en zumo de una noche imaginaria.

Conviértete en doncel
y súbete a mi sombra,
quebrántame el valor de la cintura,
indomable corcel
que cabalga y me nombra
al rítmico vaivén de su locura.

Sin resiliencia



I


Mi vida, esta fugaz luminiscencia
que ante mis ojos pasa evanescente,
me clava un aguijón incandescente,
me induce a sopesar mi resiliencia.

Pensaba que tenía resistencia
ante los avatares del presente
y sin forzar el alma ni la mente
rendida voy perdiendo la existencia.

Entregada y vencida, mi camino
se encuentra envuelto en una bruma oscura
y solamente veo anocheceres.

Ante el lance final yo me reclino
y os dejo en testamento la locura
de una vida sujeta entre alfileres


II

Miradme aquí, en piedra convertida,
exhausta de silencios y ciclones,
coronada de inútiles razones
a causa de una nueva arremetida.

Observadme en el tiempo detenida
enlazando palabras a jirones,
sombras de soledad, crudas lesiones,
que acunan el sabor a despedida.

Mas no lloréis la ausencia de mi viento
ni toquéis el poema que os escribo
bajo el soplo desnudo de mi acento.

Que en la nada de un verso sigue vivo
-con la sangre y la sal del desaliento-
el reloj del instante decisivo.

Frescura





Tú le das a mi verso la frescura
si me convierto en tierra de secano,
vaso comunicante que aun lejano
cede la lluvia que mis males cura.

Tu fuego pirotécnico de altura
estalla en mis adentros, y en tu mano
un ardor decisivo y cotidiano
reconstruye mi anárquica estructura.

No mires hacia el sur, hazlo a mi norte
porque te guíen sus constelaciones
y así poder atravesar las sombras.

Si adviertes, compañero, mi desnorte
no me dejes llorar por los rincones.
Sólo existo en la luz si tú me nombras.




Coca cola azul (Revival I)





En mi falda escocesa y en mi jersey marino,
en mi melena al viento y en mis ojos cambiantes
según la luz o el día, en el libro estañado
que estudiaba, recuerdas, se acumulaban llamas.
Poblaban el trayecto del autobús. Madrid
se me incendiaba entero sobre el atardecer.

La resbalada seda de mi voz, el mutismo
de cala que se empoza en el mar de mis ojos
verdiazules, entrando en no sé qué velada
transparencia, te alzaban el ánimo y la mente.

Arrodillaba árboles la Castellana, vivos,
como si fuese un rito aguardar mi presencia
o inventariarme un hijo: me daba miedo amar.
Yo sóla me quería, isla anclada en el fuego,
una vestal bebiéndose su coca-cola azul
con pantalón vaquero –quién me rodearía
la cintura sin quemarse la boca-

Secular vas y vienes del siglo veintinueve
mi profesor de olivos por la tarde en mi isla
tan antigua y dorada que ocupa mi tristeza.

Madrid se me hace clásico en el templo de Debod.

Tú me viste entre cientos de turistas en Roma
por la Vía dei Fori Imperiali, mi amigo,
y me descubres hoy debajo de la lluvia
que hace la tarde íntima
en Madrid, un domingo de soledad adulta,
cuando el amor recita de nuevo sus anáforas.

Por el fondo del cuento
Caperucita vengo o voy, no tengo árboles
para llenar mi bolso de selvas recordadas.

Dos mitades





Una mitad de ti me desordena,
la otra es sobre mí un sol llovido
eclipsándome el polvo del olvido
que a tus sueños de loco me encadena.

Una de tus mitades me envenena
si me lanzas tus versos por descuido,
entonces hago honor a mi apellido
y mi sangre real se desenfrena.

Nunca valorarás lo suficiente
cómo salta la cuerda de mis dedos
cuando te lanzas, cuerdo, letra abajo.

Entonces yo me vuelvo transparente
y voy dejando atrás todos mis miedos
lanzándome a escribir con desparpajo.

Jamás seré olvido

He dejado mis surcos abonados
con el fuego interior de mi linaje.
He sabido forjar el andamiaje
de los prodigios que me fueron dados.

Y aunque vientos quemantes y salados
pusieran boca abajo mi paisaje,
con mi pasión, mi fuerza y mi coraje
de mi hábitat  fueron expulsados.

Sentada en la maleza de las horas
soy caricia en la piel de tus quimeras
y la rama de un árbol prohibido.

He de romper las sombras que atesoras
y sofocar tus voces lastimeras
pues seré soledad… mas nunca olvido.


Testamento


Os vuelco la nostalgia como un río
asomado a la lumbre de mis ojos
con las manos
hechas temblor de alas
y estos versos oscuros como ofrenda.

Os vuelco este paisaje de lianas
sobre vuestras pupilas expectantes
hecha huracán mi sangre, y con la soga
de mi sed desatada ante lo incierto.

 Os dejo en testamento  la intemperie
 de los días salobres que he cantado
a la ausencia de ti tan arraigada.

Salgo del tiempo al mar, desvisto el luto
que se encrespó en mi boca
 reencarno
mi amor en las colinas y en el alma
y me dirijo al árbol de la tarde.

Os  dejo en heredad esta ardentía
de mis huesos en par
y un  funeral abrazo de pasiones
por todo lo vivido

Luz y lluvia




El que tenga una luz que no la apague
 y dibuje arcoíris en mis labios,
-lo que será ya ha sido en otros días
y ya desanda el tiempo el calendario-.
Retiradle el  ramaje a mi espesura,
y que borre los símbolos del llanto,
ponedme  los candiles boca arriba
pues se me muere el sol entre estas manos
casi agrietadas ya por la ceguera
de mis ojos de piedra, y de los pasos
que avanzan casi a tientas e iluminan
mi  desierto con lámparas de barro.

Esta llovizna triste apresurada
calándose en los goznes de mis flancos
languidece de frío y  se introduce
entre la greda ardida de mi ánimo
e igual que un borbollón de arcilla rota
de puntillas asciende hasta mis párpados.

Hoy me siento ante el tiempo vulnerable
-perdonad si el discurso tiene cambios-
pero sé que esto es algo pasajero
y volverá mi vida a ser un salmo.

Pero  en  volver a ser la que era antes
decidme… ¿ cuánto tiempo es necesario?






Supongo que de mí no quede nada





Supongo que de mí no quede nada
más que alguna ceniza, acaso el viento,
y un inventario de resentimiento
de antiguo vendaval y agua pasada.

La memoria, quizás descabalada,
se recubra de azules un momento
y recuerde tenaz el movimiento
de una mujer que siempre estuvo atada.

Hoy por hoy, sobrevivo sin careta
en un mundo que rompe el entramado
quimérico, irreal, desvanecido.

¿Perdurarán mis huellas de poeta
en la sangre del verbo derramado?
Entera me jugué. Y me he perdido.

De Dolores a Consuelo

Le sobran muchos motivos
a mis poemas siniestros
para ser letras amargas
y con tintes cenicientos
que ya apuntaban maneras
desde el mismo nacimiento
cuando me parió mi madre
y me marcaron a fuego
en la mente una consigna
“irás muriendo de a poco
en un futuro imperfecto”


No me sobran las razones
para contar por completo
la realidad de mi vida
teñida de gris y negro
las muchas muertes vividas
la intemperie de mis huesos
porque el pudor no me deja
enseñarme por entero.

Poeta soy de nostalgias
de autorretratos en negro
y escribo con tinta china
lo que me muerde en los dedos
con la sangre siempre a punto
de esconderme en mi desierto.

Soy dual, lo sé, y escribo
lo que me quema por dentro
de la luz que guarda el alma
en múltiples recovecos
de la pena de mis ojos
de sueños y de desvelos
 de las hiedras de la angustia
que se crecen en silencio
y aunque rezume tristeza
¿es acaso un sacrilegio?

Taciturna y solitaria
soy mujer de cuerpo entero
carne de espiga y abrazo
y me basta con saberlo.

Debí llamarme Dolores
pero me dicen Consuelo.

Escuchar el silencio



Escuchar el silencio solo espero
desde el espacio tenue en el que miro
el paisaje inquietante en el que expiro
y que tiene mi grito prisionero.

Habito en la tiniebla en la que muero
y es tan negro el abismo en el que giro
que más lo siento cuanto más respiro
y más respiro cuanto más lo quiero.

Transparente quietud que siempre muda
se siente. No susurra ni delira
el misterio infernal donde se halla

tan escondida su verdad desnuda,
que más se calla cuanto más suspira
y más suspira cuanto más se calla. 

Versoadicta

El poema no escrito es una herida
infligida en el alma, cuando muda,
siente el dogal que su garganta anuda
y asfixia la palabra no nacida.

Muere en el aire la emoción perdida
-imán para el dolor, no cabe duda-,
mas si el verso se libra y nos escuda
llevará nuestra voz a la salida.

Pasión jamás saciada en el exceso
que hasta otro universo nos conduce
si captamos su música suprema.

La ebriedad de su fuego nos seduce
y yo que versoadicta me confieso
fumo del opio implícito al poema.

Ejerciendo el oficio de sanar



Triste eclipse de luz, umbra inclemente,
hoguera ardida que al relente abrasas,
nocturno en Mi que ante mis ojos pasas
con tu verso alunado, suavemente.

El otoño en mi vida de repente
te renombra ciprés y me traspasas
la íntima tristeza con que arrasas
el hueco que en mi ser no da simiente.

Pronto tu nombre pedirá clemencia
pues la orfandad nacida de tu pecho
no encuentra cauce para tanta ausencia.

Apelmazada sombra, aún hay trecho
para gozar del don de la existencia:
voy a sanar tu corazón maltrecho.
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