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Sonetos fallidos. Contrapunto


Soñar un soneto

Un soneto que fuera suficiente,
uno sólo tal vez, en andanada,
un destrozo de la luz en la mirada,
Minerva renaciendo de mi frente.

Un retablo, palabra reluciente
de mi lengua cual última pedrada.
La trampa de dolor enamorada
que pudiera atrapar tu continente.

Espero que soñando lo persiga,
que el silencio lo dicte y que la mano
con sus rayos de tinta lo consiga.

No quisiera dejar mi gesto vano,
al grito de mi pecho sin auriga,
ni a tu boca de luz sin soberano.

Pastor Aguiar

El silencio no debe ser excusa
si la palabra se nos vuelve esquiva:
 es la savia letal más adictiva
y disfruta cerrándonos su exclusa.

No pensemos jamás en ciencia infusa
si vencer pretendemos a su altiva
corriente intemporal, que en carne viva,
vibra en nuestro interior…y nos recusa.

Muestra la cara amarga de su encanto,
nos calla, exilia, muerde y anonada
para romper después en alarido.

Nos enriquece, tanto, tanto, tanto
que a pesar de sufrir su marejada
buscamos en su impronta siempre el nido.

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Y ya que estamos, acompaño también yo, con una variación del tema.
Es uno de los primeros sonetos que conservo, sorry, no encontré nada más contemporáneo.

CLAVE PERDIDA

¡Angustia rara que me alarma tanto
al límite de herirme el pensamiento!
A veces un falaz aturdimiento
me acecha sin amor y sin espanto.

No es un dolor romántico, ni el canto
de mi muerte futura, que presiento,
ni el minucioso horror de algún tormento
que en largos sueños multiplica el llanto.

Solamente es pensar que alguna noche
de inspiración sublime, de derroche
de numen, imagine con maestría

la pieza clave de un rompecabezas
de manteca -de álgidas justezas-
que se derrita al despertar el día.

Gerardo Campani

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El secreto de este monstruo es que nos revive y mata porque sí
Gerardo Campani

La inspiración no huye, sólo mata
(lo hace a fuego lento)
se inmiscuye en el yo, toma sus gestos
estallando en palabras.
Descifra los horóscopos y mapas
cuando es su deseo
y pagamos a precio de inexpertos
sus muchas marejadas.

Lúgubre soledad del Din A cuatro
frente al parco poeta que no puede
acabar ni un terceto.

Y se llagan de heridas nuestras manos
esperando al soneto que no quiere
descifrarse entre sueños.



SONETO REQUETEFALLIDO

Porque quiero escribir en cada verso
el íntimo cariz de mis pasiones
voy esparciendo calma entre renglones
y anárquica retorno a lo disperso.

Así voy conformando el universo
-en el que fluye el alma a borbotones-
que injerta en mi raíz sus aguijones
por liberar al yo más introverso.

Siento que me persigue y en su acoso
me dejo seducir. Tiendo mis manos
por mantener la llama en la que ardo.

Pero se vuelve fiero, hostil, filoso,
y mi voz se refugia en sus arcanos
impidiendo decir lo que me guardo.
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Isa, Dios te guarde esa voz tremenda. Qué bueno el mandoblazooo! 
No tengo otra salida que alabarte a ti y a la bestia que tan bien cabalgas. 

Olor a soneto

Esto huele a soneto madre mía.
Hasta el sueño me sabe a contagiado.
Soneto caprichoso, verso alado
en cántaros de mieles y ambrosía.

El olor sempiterno, letanía
desde la luz al verbo revelado.
La forma de soñar alucinado
convirtiendo la noche en medio día.

De seguir tan feroz este combate
donde lengua y sabor no tienen cura,
quedaremos sin voz y sin gaznate.

Es forma de curar con la escritura
esa herida que el pecho nos abate,
con savia de soneto, dulce y pura.

Pastor Aguiar



Esta tráquea obstruida que me habita,
superviviente, sí, en lo que cabe,
siempre está en erupción y ni se sabe
qué volcánicas voces amerita.

En estertores tiembla y necesita
la lucha frente a frente, hallar la clave
-de la que el corazón tiene la llave-
y hacer de mi palabra dinamita.

Dicen que soy poeta
y que en silencio resucito hiriente
sangrando por los poros dilatados.

Mis formas de exegeta
caminan por un páramo inclemente
por liberar los versos enclaustrados.


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Pues querida Isa, de tanto leer tus sonetos, no me di cuenta de que fumaba los tabacos con desproporcionad énfasis y mis intentos de cotestarte con la rima apropiada, terminaron en esta especie de erupción semipalabraica tabáquica.
 Un abrazote y no te vayas a reir, que es verdad. ja ja

Fumarme

Quiero fumar, fumar como un beodo
fumándome los ojos, lo que miro.
Fumarme la guitarra de un suspiro,
quedarme en la ceniza, como lodo.

Volar hacia la altura, volar todo
como el humo, trazándome en el giro
cual un águila rota en que deliro,
mi otra forma de ser, en otro modo.

Tragarme cuando fumo la silueta
de manera que pase inadvertido,
cargando mi distancia hacia otra meta.

Me siento por el fuego repartido,
silogismo que nunca se completa,
mi grito en el abismo consumido.

Pastor Aguiar

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Porque no todo va a ser filosofía pura, Pastor… un soneto en clave de humor
  
Tan compulsivamente me consumo
y aspiro los venenos -sin boquilla-
que me siento ratón de alcantarilla
robándome el oxígeno. Me fumo.

Me abstraen las volutas, me resumo,
(ojo Isabel, te tragas la colilla)
y me siento culpable de la arcilla
que amaso en mis pulmones. Me sahúmo.

Pero sigo y persisto en este vicio
quitándome la vida mientras pienso
que lo mismo me da, que ya he vivido.

Mi vida no ha tenido desperdicio
y a pesar de que ya voy en descenso
con creces realicé mi cometido.


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No tengas miedo

No tengas tanto miedo a tal regusto.
Si un daño por placer así te sumas,
peor el resultado si no fumas,
que menos vivirás sin darte el gusto.

Hay mucha nicotina en cada susto
y por cada cigarro que consumas,
crecerás en el humo cual espumas
y hallarás al arder el verso justo.

Te receto el sabor, entre galenos,
una jarra de vino y un cigarro;
si dejas de fumar, gozarás menos.

¡Qué carajo , la vida es despilfarro!,
cabalguemos en ella como truenos.
Por mucho que me cuide, me destarro.

Pastor Aguiar

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Cuando una idea zumba en mi cabeza
y me empuja a crear algún soneto,
se me pone delante un parapeto
contra el que choca mi naturaleza.

Mi lengua se refugia en la maleza
y en la frondosidad de lo inconcreto,
mis dedos se anquilosan en boceto
que no refleja toda mi agudeza.

Y me sienta fatal y me tritura,
y me anula, me abduce, me arrebata,
no poder expresar lo que deseo.

Que poeta seré, mas de clausura.
Me encerraré en la antigua colegiata
de Suso... con Gonzalo de Berceo.

Y en todo mi apogeo
 poder hincarle el diente a este mal fario
que escondido se ríe en el almario.

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Relacionado con lo que decías Isa

Persecuciones

Tanta voz me persigue cuando duermo,
cuando tengo la pluma descarriada,
que los ojos se quedan en mi almohada
buscando mi reflejo en suelo yermo.

Después en la vigilia vago enfermo
y si quiero escribir, no escribo nada.
Me siento degollado por la espada,
según brota la sangre el grito mermo.

Tal parece que siempre me persigo
por los senderos grises y lejanos
y la luz que me guíe no consigo.

Puede estar la verdad en los arcanos,
en aquello difícil, que no digo
y nunca se devela a los humanos.

Pastor Aguiar


Se consigue la calma si se obtiene
la seducción fatal de la palabra
que es un humo intangible, abracadabra,
si su voz cabalística no viene.

Donde el verso escondido se mantiene
observo atentamente cómo labra
la verdad de un instante desde el abra
que protege al misterio que contiene.

Me da miedo besar su singladura
y sus hondas raíces y me asombro
de su indocilidad y poderío.

Lo frágil de mis dedos, su estatura
no alcanzan a tocar y el verso mío
se escuda en el exilio que no nombro.
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Yo soñaba escribirme, pero es tanto
lo que pasa en el hombre cuando escribe,
que no puedo seguir, algo me inhibe:
Un ladrido de miedo y desencanto.

El rumbo de la pluma deja un llanto
ajeno a lo que intento. No hay quien libe
una miel tan amarga, ni concibe
mi pulso solución a este quebranto.

Pero es terca la voz y no hay manera
de callar el impulso inconfesable,
sabor de lobreguez, encrucijada.

Me quedo sin palabra, con la espera
como un nudo de canto irremediable.
Si algo quise decir; no dije nada.

Pastor Aguiar

Si decimos soneto se oye el viento
que imprime un vendaval a nuestra mano
y muerde nuestra voz con un lamento
fundido entre la hondura de lo humano.

Derramarse en soneto es sentimiento
que nos acerca con ardor malsano
a vivir de continuo en un adviento
buscando la belleza en lo kafkiano.

Nos rompe con su efecto mariposa
en jirones de terca estratagema
teniéndonos en vilo.

Sin límite nos sigue y nos acosa
sin saber si es la vida o el poema
lo que pende de un hilo.


Pastor, amigo, yo ya no sé si voy, si vengo ni dónde estoy metida. Quizás no digo lo que quiero decir...pero mi sentido del ridículo ha pasado a mejor vida.
Tú eres todo un poema, compañero
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