Por amr al arte
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Stabat mater lacrimosa

Si acaso te importé, no te preocupes,
que me salvó la mano que te escribe
con ésta pluma hisopo que traduce su llanto.




Después del cargamento de cegueras,
después de los testigos que te vimos andar
con tu perenne faz de lacrimosa
ha llegado la hora de apearse
del barco de la vida, sin que noten las aguas
el pulso que te tiembla y que las sigue
-aunque corten tus filos los límites del pecho
y las espinas sangren la rosa del pasado-.

Después del desembarco en la memoria
te queda la mar seca, la salina,
como si Dios te hubiese concedido
un comodín de triunfo para tu propio infierno
en los gestos que van a recordarte
el viento de la muerte
y un secreto de ruta presentida
que alborota tus venas.

Para tus estertores
te queda el tango fuerte y audaz de tres planetas
y la tilde en que encierras el silencio
cuando muestra sus dientes de agua pútrida.

Si hoy tu no-valor te consintiera
el final del confín, tendrías calma
y escucharías salmos para siempre.

Quizás en la otra orilla



Acuden las imágenes y se acumulan aguas 
en la cúpulas abiertas de mis ojos.

-Anuncias el futuro cuando mueves
el aire entre tus pies, y entre tus manos,
peregrinan metáforas que avivan
deseos de querer eternizarte
en el atardecer del arco de mi boca.

No te quedas en ti
vas más allá del sol hasta lugares
donde mora escondida la esperanza,
esa escondida tierra que nos ve germinar.-
  
Nos  llevaba la tarde de verano
lo mismo que un diluvio dirigiéndose al mar
por la escalera íntima del éxtasis. 

Hoy vuelvo a recordarte después de tanto tiempo
y al atraparte toco la azotea
de todas las salinas de mi sed
mientras voy dando cuerda al reloj para atrás
con el vértigo agraz de la nostalgia.

Quizás en la otra orilla
pueda pisar de nuevo las huellas de tu paso.

Soneto imperativo


Muérdeme en lo profundo de mi grito
calmándome esta sed devastadora.
Entrégate al pecado hora tras hora:
aquí tienes el cuerpo del delito.

Bébete mis aromas de mojito.
Camíname por dentro hasta la aurora.
Cúrame con tu boca mi dolora
y resucita al muerto en el que habito.

“Devórame otra vez”, ven que te espero
con el hambre dispuesta e insaciable
para caer exhausta entre tus brazos

Si la guerra se gana en el albero
no hagas amagos, ven, que es muy laudable
morir entre la piel de los abrazos.

Luthier sin tacto



En mi noche se esconden quizás los buenos días
de los días sin luz que marcaron tu historia
adorando unos labios que a golpe de fesoria
te cortaron las alas y el hambre que tenías.
Han llegado otras manos sembrando melodías
en tus ojos de sombra y al laúd de tu huerto
le han brotado los lieder dejando al descubierto
la música que esperas en soledad sitiado.
Como un luthier sin tacto de esperanza cargado
incendias los sonidos para mi desconcierto.

Aún me duele el viento


Este tirar de mí la escalera del alma
que apoya sus peldaños en la espera
y el fuego del recuerdo.
El sol se me enredaba debajo de la falda.
Esta añoranza prieta
que me perfora pozos en la agrietada luz
de mi luto más blanco, la ansiedad que silencio
en mis hondos relojes, el imán inefable
en mí se reproducen.
No cesan.
Tú me vences.

Mis sólidas compuertas,
el precinto imposible de romper con tu boca.
Llama el portero. Íbamos a lanzarnos al mar.
Yo entera el verso justo que has escrito en tu carne.
Cómo surgió el poema ante la luz.

Por la noche volvíamos, regresábamos antes
de apurar lo que cuesta una copa de llanto,
un vino encabritado de destierro y de música
por los caminos. Tengo una playa en el pecho.

Yo te quiero y me fío
de esas amplias ventanas tan abiertas 
cuando siento tus quillas roturarme las sienes
pronto despertador del mar que me envolvía
como un muro detiene la aurora necesaria
y andar no puede el tiempo.

Aún me duele el viento no fermentado en ti
pero quedan peldaños. 
                      Cuando tenga más años tal vez puedas besarme.                             

Días de agua


El corazón transcurre mediterráneas playas 
cada vez que te nombro.
Aún sigue lloviendo, como cuando estuvimos
tanto tiempo mirándonos en silencio. Volvemos
cada cual a lo suyo. Cotidiana me ocupo
de la costura, aleve trajino por la casa,
subo las compras, juego con mis hijas…
y en algún sitio encuentro tu boca dibujada.

Subimos y bajamos, es difícil la cumbre.
Sigues siendo un camino.
Pon tus pies en mis huellas que es urgente evocarte.

Estamos convencidos los dos de que es posible
acariciar un ramo de rocío
y el endeble embeleso de tocarnos los ojos
sólo con la palabra.

Cumplelágrimas


Me brotaban los árboles por las sienes y hablábamos
de transformar el mundo con la aurora.
 Madrid era un crepúsculo.
Llegaste con un ramo de universo,
de puntillas los dedos,
admirando el milagro inaudito de cómo
me iba haciendo eterna, una mujer, un súbito
enfebrecido afluente del ocaso en la taza
del café, en los versos donde me describías.
Y bajábamos por la escalera del sueño
sorbo a sorbo. Fue un día que quedó por la sangre
apretado y absorto como el terrón de azúcar
que tanto entretuviste entre tus dedos.
Hoy
te envío este poema porque es mi cumplelágrimas,
 mi cumpleanhelos.

Qué difícil la exégesis de éste mi libro ahora.
Por la mesa de mármol
mis cantábricos versos confluyen iniciales.

De persecución de las palabras I


¿Qué es la poesía sino un deslumbramiento? Porque la vida es un minuto que brilla, una alegría que transcurre, el vuelo sutil de los pájaros, el gesto de unas manos, el aire fresco contra la cara, que bullidores, van y vienen desde dentro y fuera de la palabra. Acuérdate de lo que te digo.

Pensabas que los versos eran solamente envoltorios, dedales en los que cabían únicamente las lágrimas.  Pero antes de todo fueron aguas abismales.

La poesía entró por libre en nuestra existencia y el día que enmudezcamos habremos muerto. Las palabras son excesivamente engañosas.

Después, a base de espigar en los campos de las palabras, hemos sabido que es cuestión de escuchar. Todas  van desde el primer latido emocionado en procesión. Graduales como los salmos.

No paras de estarte a ahí sobre la mesa dale que te pego al ordenador. Te vaz a desorientar como no salgas a darte una vuelta.

Tiramos muchos escritos a la papelera, pero las palabras quedan esculpidas sobre los dedos del pantocrátor de la memoria. Tal vez la poesía no nos lleve a ningún sitio, pero ¿qué es al fin la poesía sino un grito de auxilio, un peldaño más en la escalera que nos lleva hasta el amanecer? Hay noches y noches, eso es cierto. La poesía, que os quede constancia, destruye todo lo malo de algunas noches.

Niña sol, niña luna

Llegas a mí reciente con el sol en los ojos.
Regresas estrenando tu dulce maravilla
y en vilo la alegría, porque de pronto todo
comienza en tus adentros a encontrarse en su sitio.

Niña mujer, te asomas a la vida
y de mis manos nacen tus barandas
interiores y únicas.

Niña sol, niña luna,
niña mar que amanece y se halla a sí misma.

Me da miedo besarte porque puedes romperte.

Paisaje de luz


La luz por mi paisaje de humo viene
llenándome de otoño mientras toma
conciencia de ser luz y luego anida
en mis ojos abiertos que desnortan
al canto funeral y a los oasis
del éxodo y los días de mis sombras.

En el recuerdo
acuno entre tapices una estrofa
-no importa de qué música-
que el túnel de mis miedos desmorona.

Comienza un nuevo ciclo luminoso.
Fueron ríos y sendas, muchas horas
de nostalgia y de espera. Por los grandes
agujeros del llanto y por las lomas
va penetrando el ánimo a raudales
cerrándole caminos a mi Gólgota.

Late la vida en mí, voy al futuro,
notando la existencia que rebrota
comenzando a vibrar, luz adelante,
y entrar como una tromba
de sol en mis palabras, de alegría
que vuela las cenizas de mi historia.

Revival


Hoy escucho el verano resonar en mi pelo
y huele la memoria el perfume sagrado
de mi niñez entera con Madrid encendida 
detrás de mis espaldas.
Escudriño el silencio, sicoanalizo a Dios,
destapo la alacena de mi dócil recuerdo
y me veo a mí misma.

Desdoblo el mar encima de mi mesa 
sembrada de poemas, pienso lento en tus labios
y regreso al principio.

Volvemos del embrujo que cruje entre la sombra,
del hontanar de miedo que taladra las manos.
De siempre los embrujos nos columpian la magia
en el dintel de luna en que nos recortamos
más quietos que un icono sin incienso.

Los dos estamos hechos para besar la noche
tatuados de fúnebre ceniza.

Belisa

Hoy me meto en harina y con el verso largo
quiero dejar constancia que vengo de no-adviento
sin dejar que seduzca mi voz por un momento
el grito que me muestra como un Bitter amargo.
Voy a intentarlo digo, por salir del letargo
que envuelve a la memoria del color de la ausencia
impidiendo al tapiz que asombra mi existencia
resalte en las paredes del salón de mi alma.
Porque en la oscuridad no encontraré la calma
perdida en versos huecos. Ya cumplí penitencia.

Abre las ventanas para que entre el mundo, en la luz está lo que buscas tú y lo que buscamos todos. A mí el poema me parece un juramento por un futuro distinto, ganaste el pulso y a escribir lo que te pida el cuerpo, con su miajita de calor.
Valentín Martín.

Sólo queda el silencio

Su lóbrega sonrisa
penetró en la sedienta laguna de mis ojos.
Arbolada de lágrimas permaneció en mi piel
como el viento sutil de madrugada
posándose en las velas del viejo galeón
que llevo navegando entre las sienes.

De aquel encierro lúcido
sólo queda el silencio.

Desde el oscuro espejo de la tarde
le siento cabalgar sobre mi boca
y una arcada de sol le corona los hombros
entre los mudos pliegues del recuerdo.

El reto


Era mujer de sombras, mañana luminaria
huyendo del vacío que me niega el futuro;
me deslizo en silencio con el gesto seguro
para emprender la huida de la red carcelaria
de viejas soledades con alma de siluro.

Intuyo un aire cálido que remueve los sauces
que arraigaron antaño en los tiempos de ausencia
marcándome el camino donde late la esencia
de una vida alejada de los amargos cauces
de hembra regicida que su muerte sentencia.

Temeraria y audaz desempolvo pasiones
que quedaron ancladas en un arcén dormido.
me atavío de rojo –mi color preferido-
y con la mente abierta a golpe de pulsiones
comienzo un nuevo puzle con todo lo vivido.

Ando por las cornisas de los esperanzados
y amplío mis cajones para el dolor extinto;
me dispongo a salir del aciago recinto
que recoge las lágrimas de los desesperados.
Hoy nace otra mujer… ¿Será todo distinto?

Futuro en alegretto

Acaba de empezar un nuevo año
y en mi mundo interior hay movimiento
las cosas se han mudado de lugar
mas han sobrevivido los afectos.

Mi cuerpo está en su sitio. Hay icebergs
penetrando mi carne con sus hielos
y un aire de venir para quedarse
ascendiendo glacial venas adentro.

Yo los siento trepar sobre mis muros
escrutando las sombras de mi cuerpo
y en los días que huyeron para siempre
dejándome raíces en los huesos.

El viento me recuerda que estoy viva
que no soy una flor de cementerio
instándome con vértigo a cambiar
de mi futuro negros argumentos.

Y encierro la tristeza en el almario
clausuro las ventanas del silencio
inmiscuyéndome en el propio nombre
que genéticamente me han impuesto.

Yo soy la reina de mi propia vida
sin temor a mirarme en el espejo
y que a fuerza de siempre estar buscándome
sé reparar con arte mis fragmentos.

Hoy pinto las paredes de mi casa
me perfumo con luz y con espliego
y si el pronombre “tú” se me aproxima
tiene la entrada libre hasta mi templo.

El futuro rescata el alegretto
que siempre vibró en mí. Voy a su encuentro.

Flor de acíbar

Con hélices de plomo
emprendes viaje
y en la cumbre me gritas
que soy tu cáncer.
Pero te aviso
donde el odio se aprieta
surgen seísmos.

Como no me das tregua
vengo dispuesta
a clavarte aguijones
con acederas.
No doy consejos,
si protectores quieres
vuélvete acero.

Refuerza tus costuras
con misceláneas
y el puzzle de mi cuerpo
cose a tus sábanas.
Prende con hilo
mis gemidos nocturnos
de cinco en cinco.

El ácido del tiempo
pondrá en su sitio
arquitecturas falsas
con tus delirios
Cintura en armas
seré la flor de acíbar
bajo tu almohada.

Malos vientos



Así era él. Creedme. 

Un pájaro sumido en un estanque, 
oscuro y apagado, reposando su negro 
entre el mundo absoluto de las carpas, 
postrado sobre el limo de hojas muertas 
levemente abisales, naufragadas. 
Hundido y quieto como la pupila 
oscura, ensimismada, de un anciano 
que ya nadie recuerda. Así era él 
cuando no caminaba a ningún lado 
y un viento atormentante mutilaba 
las espigas y ramas y esparcía 
torrenteras de llanto sobre el páramo 
reseco de mi pecho. 

Castigo de manzana mordida


He de darte la llave que perdiste en el viento
subiendo mis montañas.
No has besado mi fuego todavía en otoño
y van amaneceres descorriendo tu cara
por no sé qué paisajes.

Si me hubieras volcado estrellas en la boca,
si no hubiese candados de fiebre entre mi carne…
sé que no lloraría
y observaría el mar llover sobre mis hombros.

La llave está colgada en un clavo del viento,
en el reto celeste
de llevarme hasta el valle e internarnos los dos
por el hogar perdido, ir abriendo las puertas
de la casa en volandas.
A la lluvia se asoma mi zaguán todavía.

“Eres como un castigo de manzana mordida,
¿pero no te das cuenta que salpicas horóscopos
y al raso vivo aguardan los exactos caminos
del amor que nos une? “



Tu memoria me salva, me cobijo en tus árboles,
debajo de tus pasos se colocan mis huellas
y voy, caperucita, a llenar mi cestillo
de estrellas y frambuesas redimiendo las horas.

La tristeza se ha ido borrando, entre la arena
del mañana, y no existe sino lo conjurado.
Estos versos desatan mi noray interior
y estremece tirar del recuerdo tan frágil,
volcar entre las cejas la caricia o la playa
de la respiración, engarzando las olas
a los labios o al quicio que asoma al pensamiento.

Al evocarte logro repatriar el aire
que removía ascuas en mi pelo encendido
y en el lento poniente de mi espalda desnuda.

Aldonza-árbol



De  paz y sombra soy
y tú 
 impúdico gañán que siegas salmos 
de piedras esparcidas en crepúsculos,
con las manos heridas por los campos
allí donde las lágrimas no entienden
del toque de campanas.
Yo, de paso,
con todo el mar encima de mi frente,
música de tu voz, Aldonza-árbol,
sin un soplo de fe para alumbrarte
la orfandad de esos ojos tan cansados.

Estamos sin que nadie nos cobije
con las cejas heridas, dos secanos 
en algún mapa ardido de esta orilla
donde restaña el sol nuestros zarpazos.

Palabras, palabras

He recibido una carta
sin acuse de recibo
con palabras de un poeta
en el silencio encendido
y un olor a naftalina
de calendarios partidos
entre noches desveladas
por el arcén del delirio.

Mis labios se desfiguran
con la voz de sus latidos
y mis uñas, transparentes,
erosionando lo efímero,
van golpeando la roca
en que yo me he convertido.

En almanaques de lluvias
y en aluviones ficticios
va desangrándose lenta
ésta mujer que yo habito,
una sola de las tantas
del espejo en que me miro
que se ahoga en la nostalgia
de mi paladar vacío
por palabras nunca escritas
rebosando sus bolsillos.

Voy a tener que meterme
el viento por los oídos
para aprender a bailar
boleros por el camino
y danzar al son del eco
que me lanzan los amigos
siempre siguiendo los pasos
con la fiebre de su ritmo.

No puedo escribir, no puedo
con el sabor de los gritos
que atormentan mi garganta
con sus temores equívocos.
Si tenéis una receta
escondida entre los libros
no me negaré a seguirla
pues mis versos se han perdido.

Cárnica-mente

Lo primero mis pies, ponerlos en la arena 
y que dibujen
en las tuyas mis huellas

Ir después cincelando por mis piernas
los altos roquedales y el adagio
de música que asciende por mis venas.

Subir hasta mi vientre,
intimísimo alcor, ciervo en el agua
en éxtasis de sed
que acaricia el paisaje y se derrama

Mis senos más arriba,
palomas de clarión, revoloteo
de erguida claridad desafiante
que convoca al deseo de tu cuerpo.

Ascender por mi cuello y por mis hombros
deteniendo tus dedos por mis sendas,
tomar respiro, ver,
desde mi clara espalda y mis caderas
mi silueta pintarse en la mañana
extendida de estío y siempre abierta.

Detenerte en mi rostro, el fresco pozo
de mi boca, acodar despacio el beso
en el brocal de sed de mis escombros.

Desatarme las trenzas, derramar
la humedad de mi pelo entre tus manos,
refrescarlas gozoso en la penumbra
de mi porche sensual y de mis campos.

Y al final ya de todo,
lo más vivo de mí, lo más exacto,
convocar a la lluvia y extenderla
sobre mis hondas viñas, esperando
la polvisca a la orilla del orgasmo.

Cárnica-mente.
Yo sé que así me harías
hasta que yo me rompiera entre tu nombre
con la pasión en vilo, derretida.

Cuando vuelvo a Madrid

Hoy que vuelvo a Madrid, dime quién me conoce
cuando bajo hacia el metro de Diego de León
y alguien lee junto a mí
mientras subo los ríos del recuerdo

El rostro de mis hijas es de color de fruta.
Ellas sí que están vivas,
lloran, juegan, se suben encima de la mesa.
Tú me observas besándolas con tus labios distantes.
Yo no soy la que era, me has divinizado,
me he vuelto transparente, como cruza en los ojos
un aroma inconsciente, un gesto que trasluce
geografías voladas.

Los días se me escurren, son lo mismo que el agua
y mi voz es reguero que se borra en el viento.

Todo ocurrió deprisa, un sueño inverosímil,
como si mis poemas desnortaran relojes.
¿Adónde fue mi corazón, sus árboles?

El amor cuando nace tensa el aire y la lluvia,
surgiste de ti mismo y cambiaste mis normas,
me conociste frágil, hoy soy eternidad.

Pero me estoy muriendo cada vez que te nombro.

Fuente de Cibeles


A veces la ciudad se nos vuela, admirable.
Cruzas por ella tú, las avenidas llegan
hasta mis manos. Tienen mis hombros la indolencia
de las riberas dulces. Nos bebemos un vaso
de luz en el Lyon. Te metes en mi libro
de sorpresas. Mis ojos cuántas playas retratan.

Mi flequillo es la fuente de Cibeles. Tomamos
el metro. Vas contándome las sílabas, el ritmo
de los poemas, voy sublimemente ausente.

Sellamos nuestro pacto. Nadie lo va a romper.
Para el poeta toda la vida es ceremonia
o una chica de COU con chaquetón de cuero
mirando intensamente más allá de sí misma
cuando la tarde enciende su silencio de fuga
y la ciudad revuela.

Estamos los dos quietos caminando en el cuento,
mueve la mente el hilo, quién quita el escenario.
Suben la memoria bambalinas sagradas
y no queda en el tiempo sino nostalgia, sólo,
las quillas del recuerdo quebrándonos los párpados.

La búsqueda

(Porque sigo buscando en  cajones y entre libros...)


Voy con el alma rota, a la deriva, 
y nazco para hundirme
en todas las que soy.

Lo importante es volver de cada muerte
levantarte sin fuerzas y seguir caminando
por la acera invisible que tolera
las pisadas insomnes de los desesperados.

Voy registrando todos los lugares.
He revuelto roperos,
he destripado libros y colchones,
arrancado las plantas
y hollado los parterres.
He buscado en los nudos de los árboles
y en todos los bolsillos.

¿Por qué cuando me miran mis ojos reverberan
de pájaros que pasan sin descanso?
¿Por qué tiemblo?
¿Por qué esa desbandada
que asola mi memoria?.

¿Qué es lo que no hallo
aunque derribe
los pilares del cielo?

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Nos vamos
quedando
solos.

Alguien se preocupó por clavar la memoria
a las paredes,
por llenar de la misma agua
los jarrones
y las flores
dibujaron el mismo aroma desbandado
de libros y de olvido en los lugares
en los que acontecemos
sin darnos cuenta que nosotros mismos
hemos cambiado ropas y ventanas
para inventar un parque y una fuente
con el aroma incierto de lo inmutable

porque así lo queremos.

Y nos fuimos
quedando
solos.

Enrico Espino

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Y nos fuimos
quedando
solos.

E. Espìno


Vengo a contarte aquí por qué me ahogo
en la bruma recóndita del alma.


Soy una sola más entre los solos
mojada de memoria hasta los huesos.
Una mujer cualquiera
suicida del impulso que me lanza
inevitablemente
a la melancolía de mis subterráneos.

Posiblemente tenga como tú
la sangre roja y la saliva blanca
y nocturnos escuchen mis oídos,
pero clavo mi nombre por los árboles
 sin que pueda llegar a comprender
la huída al interior de mi memoria.

Hoy vengo a preguntarte
por qué mi voz es negra y tengo miedo
de tanta negritud en la mirada.
Por qué una mujer
no puede componer el puzzle de sí misma.

¿Puede ser que algún dios haya excretado
en el centro de mí su semen negro?



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Vengo a contarte aquí por qué me ahogo
en la bruma recóndita del alma.
Isabel Reyes




Vienes de noche a visitarme
con tu mirada larga de misterio;

hago un gesto indolente
como para que no me duelan demasiado
estas ganas de asilarme entre las voces

y entonces se me ocurre que es la hora
de dar el último paseo grave
a través de la casa silenciosa,
de cerrar puertas y ventanas,
de comprobar que existan los candados
en cada puerta inevitable y veo
que estén corridas todas las cortinas

y llegas − cuando aún no he terminado
de asegurarme en mí, como sabes
sólo los solos
sabemos−

a hurgar en los cajones de las facturas viejas,
a ver qué frasco de pastillas tengo
para las noches del insomnio,
a revolver olores de alacenas y sillones cansados
hasta ordenarlo todo como memoria antigua

−litografías de Monet,
campos de trigos de Van Gohg,
un vaso de vino,
la albahaca del huerto:

pero no alcanza el inventario−

y me descubres en tu propia
tristeza.

Entonces canto,
en la bruma recóndita del alma,

para acallarnos juntos
mientras la noche pasa, y la melancolía.



espino

--------------------------------------

para acallarnos juntos
mientras la noche pasa, y la melancolía.

Enrico Espino

He vestido mi casa de domingo
y desbordan de hortensias mis balcones
ni se escucha la espera de los pozos
que aguardan impertérritos el agua.

Puede ser que el invierno
haya venido aquí por sepultar
tanto viejo dolor y tanta lágrima
Bajo la nieve sueño los caminos
con golpes de timón hacia el futuro
sin echar leña a un fuego de nostalgia.

Mi casa redecoro
con cuadros de color impresionistas
y me los cuelgo del d'Orsay del alma.

Porque empieza el retorno
a la nueva mujer que está a la espera
de volver del exilio de su vida
subida en el bastión de su nirvana
tirando a la basura viejas sombras
y algunas geografías algo amargas.
Una mujer que cierra para siempre
angostos laberintos interiores.

Hoy no me siento sola con mis mapas.
Te invito me acompañes en la diáspora.

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Hoy no me siento sola con mis mapas.
Te invito me acompañes en la diáspora.



Cuando la ciudad quedó tan lejana
y las estatuas rïeron sus adioses
y me convertí en un solo con su sombra;

yo te encontré de este lado de la lluvia
entrevistando al silencio con silencios

−y es que nadie pudo hacer un preludio
más inequívoco y claro que una tarde
de labios callados−

−Ten −me dijiste, con solo tu mirada.
Pero yo quemé los mapas del regreso.

espino

-------------------
nadie pudo hacer un preludio
más inequívoco y claro que una tarde
de labios callados



Sólo te dije "dame"
e interrumpió la lluvia el aguacero
después de haber compuesto sinfonías
en sol bemol mayor para dos bocas.

El mundo se detuvo
al eco de la fuga y contrafuga
-contrapunto de solos una tarde
en que el silencio se vistió de música-

Hoy ha vuelto a llover
y sé que volverás a por los mapas
que a ritmo de crepúsculo
enterré con cuidado entre mis médanos.

Déjate ya de cuentos...

No me vengas con alondras
que estoy sorda de sus trinos
ni traigas a la nostalgia
metida entre tus bolsillos
que para pena me basta
la tristeza de mi exilio.
El dolor se me hace sangre
alzando recuerdos íntimos.

Hacia dentro de mis sendas
mi corazón campesino
por los senderos celebra
su propio réquiem a gritos
llevando entre sus azules
siglos de llanto y de niño.

Roca soy en tu relieve
de roquedal peregrino
beso de polen etéreo
que vuela por los caminos
con soplos de soledades
y sus deseos cumplidos
ardiendo montes, distancias,
y en el pecho un haz de trigo,
inalcanzable relámpago
para tus ojos mendigos.

Cuánto incendio llevo a cuestas
de tanto como he vivido.

Sonetos fallidos. Contrapunto


Soñar un soneto

Un soneto que fuera suficiente,
uno sólo tal vez, en andanada,
un destrozo de la luz en la mirada,
Minerva renaciendo de mi frente.

Un retablo, palabra reluciente
de mi lengua cual última pedrada.
La trampa de dolor enamorada
que pudiera atrapar tu continente.

Espero que soñando lo persiga,
que el silencio lo dicte y que la mano
con sus rayos de tinta lo consiga.

No quisiera dejar mi gesto vano,
al grito de mi pecho sin auriga,
ni a tu boca de luz sin soberano.

Pastor Aguiar

El silencio no debe ser excusa
si la palabra se nos vuelve esquiva:
 es la savia letal más adictiva
y disfruta cerrándonos su exclusa.

No pensemos jamás en ciencia infusa
si vencer pretendemos a su altiva
corriente intemporal, que en carne viva,
vibra en nuestro interior…y nos recusa.

Muestra la cara amarga de su encanto,
nos calla, exilia, muerde y anonada
para romper después en alarido.

Nos enriquece, tanto, tanto, tanto
que a pesar de sufrir su marejada
buscamos en su impronta siempre el nido.

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Y ya que estamos, acompaño también yo, con una variación del tema.
Es uno de los primeros sonetos que conservo, sorry, no encontré nada más contemporáneo.

CLAVE PERDIDA

¡Angustia rara que me alarma tanto
al límite de herirme el pensamiento!
A veces un falaz aturdimiento
me acecha sin amor y sin espanto.

No es un dolor romántico, ni el canto
de mi muerte futura, que presiento,
ni el minucioso horror de algún tormento
que en largos sueños multiplica el llanto.

Solamente es pensar que alguna noche
de inspiración sublime, de derroche
de numen, imagine con maestría

la pieza clave de un rompecabezas
de manteca -de álgidas justezas-
que se derrita al despertar el día.

Gerardo Campani

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El secreto de este monstruo es que nos revive y mata porque sí
Gerardo Campani

La inspiración no huye, sólo mata
(lo hace a fuego lento)
se inmiscuye en el yo, toma sus gestos
estallando en palabras.
Descifra los horóscopos y mapas
cuando es su deseo
y pagamos a precio de inexpertos
sus muchas marejadas.

Lúgubre soledad del Din A cuatro
frente al parco poeta que no puede
acabar ni un terceto.

Y se llagan de heridas nuestras manos
esperando al soneto que no quiere
descifrarse entre sueños.



SONETO REQUETEFALLIDO

Porque quiero escribir en cada verso
el íntimo cariz de mis pasiones
voy esparciendo calma entre renglones
y anárquica retorno a lo disperso.

Así voy conformando el universo
-en el que fluye el alma a borbotones-
que injerta en mi raíz sus aguijones
por liberar al yo más introverso.

Siento que me persigue y en su acoso
me dejo seducir. Tiendo mis manos
por mantener la llama en la que ardo.

Pero se vuelve fiero, hostil, filoso,
y mi voz se refugia en sus arcanos
impidiendo decir lo que me guardo.
--------------------------------------------

Isa, Dios te guarde esa voz tremenda. Qué bueno el mandoblazooo! 
No tengo otra salida que alabarte a ti y a la bestia que tan bien cabalgas. 

Olor a soneto

Esto huele a soneto madre mía.
Hasta el sueño me sabe a contagiado.
Soneto caprichoso, verso alado
en cántaros de mieles y ambrosía.

El olor sempiterno, letanía
desde la luz al verbo revelado.
La forma de soñar alucinado
convirtiendo la noche en medio día.

De seguir tan feroz este combate
donde lengua y sabor no tienen cura,
quedaremos sin voz y sin gaznate.

Es forma de curar con la escritura
esa herida que el pecho nos abate,
con savia de soneto, dulce y pura.

Pastor Aguiar



Esta tráquea obstruida que me habita,
superviviente, sí, en lo que cabe,
siempre está en erupción y ni se sabe
qué volcánicas voces amerita.

En estertores tiembla y necesita
la lucha frente a frente, hallar la clave
-de la que el corazón tiene la llave-
y hacer de mi palabra dinamita.

Dicen que soy poeta
y que en silencio resucito hiriente
sangrando por los poros dilatados.

Mis formas de exegeta
caminan por un páramo inclemente
por liberar los versos enclaustrados.


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Pues querida Isa, de tanto leer tus sonetos, no me di cuenta de que fumaba los tabacos con desproporcionad énfasis y mis intentos de cotestarte con la rima apropiada, terminaron en esta especie de erupción semipalabraica tabáquica.
 Un abrazote y no te vayas a reir, que es verdad. ja ja

Fumarme

Quiero fumar, fumar como un beodo
fumándome los ojos, lo que miro.
Fumarme la guitarra de un suspiro,
quedarme en la ceniza, como lodo.

Volar hacia la altura, volar todo
como el humo, trazándome en el giro
cual un águila rota en que deliro,
mi otra forma de ser, en otro modo.

Tragarme cuando fumo la silueta
de manera que pase inadvertido,
cargando mi distancia hacia otra meta.

Me siento por el fuego repartido,
silogismo que nunca se completa,
mi grito en el abismo consumido.

Pastor Aguiar

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Porque no todo va a ser filosofía pura, Pastor… un soneto en clave de humor
  
Tan compulsivamente me consumo
y aspiro los venenos -sin boquilla-
que me siento ratón de alcantarilla
robándome el oxígeno. Me fumo.

Me abstraen las volutas, me resumo,
(ojo Isabel, te tragas la colilla)
y me siento culpable de la arcilla
que amaso en mis pulmones. Me sahúmo.

Pero sigo y persisto en este vicio
quitándome la vida mientras pienso
que lo mismo me da, que ya he vivido.

Mi vida no ha tenido desperdicio
y a pesar de que ya voy en descenso
con creces realicé mi cometido.


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No tengas miedo

No tengas tanto miedo a tal regusto.
Si un daño por placer así te sumas,
peor el resultado si no fumas,
que menos vivirás sin darte el gusto.

Hay mucha nicotina en cada susto
y por cada cigarro que consumas,
crecerás en el humo cual espumas
y hallarás al arder el verso justo.

Te receto el sabor, entre galenos,
una jarra de vino y un cigarro;
si dejas de fumar, gozarás menos.

¡Qué carajo , la vida es despilfarro!,
cabalguemos en ella como truenos.
Por mucho que me cuide, me destarro.

Pastor Aguiar

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Cuando una idea zumba en mi cabeza
y me empuja a crear algún soneto,
se me pone delante un parapeto
contra el que choca mi naturaleza.

Mi lengua se refugia en la maleza
y en la frondosidad de lo inconcreto,
mis dedos se anquilosan en boceto
que no refleja toda mi agudeza.

Y me sienta fatal y me tritura,
y me anula, me abduce, me arrebata,
no poder expresar lo que deseo.

Que poeta seré, mas de clausura.
Me encerraré en la antigua colegiata
de Suso... con Gonzalo de Berceo.

Y en todo mi apogeo
 poder hincarle el diente a este mal fario
que escondido se ríe en el almario.

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Relacionado con lo que decías Isa

Persecuciones

Tanta voz me persigue cuando duermo,
cuando tengo la pluma descarriada,
que los ojos se quedan en mi almohada
buscando mi reflejo en suelo yermo.

Después en la vigilia vago enfermo
y si quiero escribir, no escribo nada.
Me siento degollado por la espada,
según brota la sangre el grito mermo.

Tal parece que siempre me persigo
por los senderos grises y lejanos
y la luz que me guíe no consigo.

Puede estar la verdad en los arcanos,
en aquello difícil, que no digo
y nunca se devela a los humanos.

Pastor Aguiar


Se consigue la calma si se obtiene
la seducción fatal de la palabra
que es un humo intangible, abracadabra,
si su voz cabalística no viene.

Donde el verso escondido se mantiene
observo atentamente cómo labra
la verdad de un instante desde el abra
que protege al misterio que contiene.

Me da miedo besar su singladura
y sus hondas raíces y me asombro
de su indocilidad y poderío.

Lo frágil de mis dedos, su estatura
no alcanzan a tocar y el verso mío
se escuda en el exilio que no nombro.
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Yo soñaba escribirme, pero es tanto
lo que pasa en el hombre cuando escribe,
que no puedo seguir, algo me inhibe:
Un ladrido de miedo y desencanto.

El rumbo de la pluma deja un llanto
ajeno a lo que intento. No hay quien libe
una miel tan amarga, ni concibe
mi pulso solución a este quebranto.

Pero es terca la voz y no hay manera
de callar el impulso inconfesable,
sabor de lobreguez, encrucijada.

Me quedo sin palabra, con la espera
como un nudo de canto irremediable.
Si algo quise decir; no dije nada.

Pastor Aguiar

Si decimos soneto se oye el viento
que imprime un vendaval a nuestra mano
y muerde nuestra voz con un lamento
fundido entre la hondura de lo humano.

Derramarse en soneto es sentimiento
que nos acerca con ardor malsano
a vivir de continuo en un adviento
buscando la belleza en lo kafkiano.

Nos rompe con su efecto mariposa
en jirones de terca estratagema
teniéndonos en vilo.

Sin límite nos sigue y nos acosa
sin saber si es la vida o el poema
lo que pende de un hilo.


Pastor, amigo, yo ya no sé si voy, si vengo ni dónde estoy metida. Quizás no digo lo que quiero decir...pero mi sentido del ridículo ha pasado a mejor vida.
Tú eres todo un poema, compañero

Un árbol

Frente a mi vista un árbol solamente.
Una verde alabanza clara y virgen
rizándose de sol, cribando sombra
musical y encendida entre sus ramas.
Tiene en la mano el aire. En sus raíces
aguanta el manantial de la ternura
que le cerca, le abraza, le arrodilla
la luz al corazón sobre el paisaje.
También dentro de mí yo tengo un árbol:
mi añoranza de ti, tan enraizada,
sosteniéndome el sol bajo su hondura.
Y me siento a su sombra con tu ausencia
descansando en mis manos, bajo el árbol
que crece ante mis ojos y en mi espíritu.

Carta



Esperé en los límites de la mañana, al filo de las puertas de la escuela, a que llegases con la ropa sucia, las rodillas sangrantes y la merienda pegada a los bordes de las manos, negras de tinta y castigos.

También esperé que detrás de ti un hijo mío, con la placenta adosada a la espalda, recogiese tu nombre y lo mudase a un lugar más lejano, a otro tiempo con la carga de tus mismos ojos, otro motivo de incendio para las guerras, otra boca pálida de donde arrancar poemas como dientes de leche.

A las puertas sigo yendo a buscaros. Y me veo pasar con edades distintas, con los pulmones cambiados. Con una mano vieja inscrita en mí y un amasijo roto en el vientre. Todavía no has sido. Y me observo con la diferencia de esos años, pero sin sonrisa.

Han pasado las tardes y no hay niño en ninguna parte. Ya no vas a la escuela, estás resguardado entre las paredes de la casa. Y me he arrancado la luz y las ganas como quien se deshace el peinado.

Soy yo la que se acusa y reinventa.

Mujer



Todo brota de mí, caverna y dulce herida,
amorosa materia tan frágil y tan fuerte,
carne que al corromperse va sembrando más vida,
carne que al renacer va sembrando más muerte.

Soy marea en la noche de ojos abismales,
la musical marea que brota con la entraña
de profundos espacios; mis silencios letales
me llevan a una tierra inquietante y extraña.

Soy sólo una mujer distante de los dioses
¿de dónde llega hoy mi mensaje de hoguera?
¿hacia dónde me iré entre tristes adioses
convirtiendo en cenizas toda la primavera?

Espectros

Entrad perturbadores pensamientos,
tomad hasta mis sueños imposibles,
sombras de mi pasión, negras, sensibles
imágenes de duelos irredentos.

Quebrad mi fe, romped mis sentimientos,
anulad las congojas reprensibles
de mi honda conciencia. Haced visibles
las alegrías que nombráis sedientos.

O de largo pasad, por caridad..
¿Soy yo todos vosotros? ¿Quizás soy
víctima, dueña, azar inoportuno?

¡Cómo mentís! Yo soy mi libertad.
Sólo tenéis la vida que yo os doy.
Yo soy todos vosotros y ninguno.

Jamás seré noctámbula


A mi ya no me asombra el neón llamativo
que ilumina la noche, biombo improvisado
que al ocultar el día, desliza de costado
la luz de la conciencia con su negro atractivo.

Yo no vivo en las sombras. Soy máscara desnuda
legrada por las noches de crudo desengaño
y dragados mis fondos por algún rito extraño
alimento certezas sobre mi propia duda.

Yo no soy nocturnal . El día es tan pequeño
que espero madrugadas para sentirme viva
y limpiar mis esquinas con artes de funámbula.

Soy el ave diurna que dueña de su sueño
ha parido la luz de manera lasciva
entronizando el alba. Jamás seré noctámbula.

Compañera


Eras tú ¿no es verdad?. He conocido 
la sorda huella de tu paso lento 
porque el alma tenía un sentimiento 
de plenitud y duelo indefinido. 

Eras tú, ¿no es verdad?. Para haber sido 
sólo un temblor sobró presentimiento, 
bastaron tu sarcasmo y mi lamento, 
hambre de eternidad en mí sentido. 

Y cómo te hablé entonces. Cómo hurtamos 
a la noche y al sueño lo que era 
sólo tristeza y fe tejida a tramos. 

Sé que fue urgencia, fiebre, una quimera,
pero eras tú, ¿verdad? Y nos besamos, 
amarga soledad, mi compañera. 

Ars vivendi

Fue mi sudor campesino
de agonías y ganancias
dando vida a quien la vida
se le mostraba de espaldas.
Trabajé de sol a sol
estableciendo alianzas
con la muerte que venía
la muy puta a dar la cara.

Dejé sembrado mi ars
entre el plomo de las balas
(su silbido aún se escucha
en el confort de mi calma)
De hambrunas os contaría
cuántas pesadillas, cuántas,
mas no me quedan corcheas
ni fusas en la garganta.

Nunca tuve buenas botas
porque caminé descalza
ni siquiera tuve tiempo
para pensar en mañana.

Fui tam tam de multitudes
y mi don fue la esperanza
con la humildad del badajo
convocando a las beatas.
Hoy solo quiero volver
a refundirme en la fragua
retornando a mis orígenes
en un vuelo sin escalas
y ser la mujer que antaño
dejó su vida sembrada
por los campos del dolor
y de quien no queda nada.
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