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Pregunta en la tarde




He dejado mi casa con los libros abiertos
y he salido a la tarde dibujada de azules
a admirar el Cantábrico.

Estoy tan distraída con cada cormorán
-el cielo malva y rosa por la luz del poniente-,
que el verso se resbala por los labios del alma.

Ya no digo palabras,
pero sé que la tarde es hermosa y es mía.
Ya sé que el mar se peina los lomos de entusiasmo
y  que también se hace poesía
con mirar el paisaje.

En tardes como está se sabe la importancia
de tener en las olas un rosario de sendas,
unos versos de yodo mezclados con las algas
y el soportar la espera en el astro más íntimo.

Desteñidas canciones
de remos y de brea me ponen tensa el alma
como un arco de júbilo
y mi verso nervioso empina arboladuras


¿Sentirán las arenas las huellas de mis pies?



Exorcismo







El tiempo entre mis manos se desgasta
y mi voz en silencio es como el río
que desdibuja el cuarzo y la palabra.

He perdido mi cosmos y estoy muerta,
no laten mis arterias en su mantra.

Es un profundo enigma
la presencia que me indica el alba
- misterio inescrutable-
en la selva de lluvia de mis lágrimas.


Trepa su nombre entero por la hiedra.
En mi mundo interior jamás escampa.

Tendré que exorcizarme a la intemperie,
reinventarme de nuevo un calendario
donde quepan los pájaros sin alas
y transformar la greda de mis manos
en desmemoria clara,
el árbol de mis dedos en instante
que abandone recuerdos y me nazca
serena
incontenible
sin nostalgia.

Dolor de luna rota




Llueve sobre mi voz rumor de llanto 
y es el llanto la llama, que silente, 
transforma con su látigo candente
la lluvia de una lágrima en quebranto. 


Llora sobre el amor un frío canto 
que corona de témpanos mi frente;
mi voz es el silencio que va hiriente
por la oscura salina del espanto. 


Se desnortan las sílabas y brota
un íntimo aguacero sin sonido
y en mi rostro un dolor de luna rota. 

Mis ojos son lagunas, hielo ardido

amor que se desangra gota a gota 
en la garganta negra del olvido. 


El cristal de mis ojos



El cristal de mis ojos está herido
por algún viento arcano
y mis frágiles dedos, rama verde,
son árboles en susto.

Mis vacilantes pies, primera greda,
apenas pueden sostener los sueños.

Pequeñez de mujer y bordeándome
riberas imposibles a este ansia
de edificarme sola
desde el umbral de mi desasosiego.

Sed ya no sé de qué milagro último
que me alivie el dolor.
Inalcanzable límite de mí
etéreo e imposible que me obliga
a tensar la mirada -vidrio y miedo-
y el árbol de mis dedos arraigarlo
en tímido ademán, y con las huellas
de mis pasos, tatuarme de mi sangre
todo mi ser sufriente.

Para ser uno mismo




Para ser uno mismo hay que mirar despacio
la extrañeza que causan los radios del futuro
labrarse un nuevo mantra exento de cianuro
y recibir la vida con lúdico prefacio.

Poner el alma al sol que respire el espacio
más allá de las zonas de eterno claroscuro
donde el pasado deja su rastro de siluro
y cerrar con amnesia su triste cartapacio.

Con sed de infinitud reiniciar el sendero
descalzo y peregrino con la mochila al hombro
y el álbum puesto al día de la supervivencia.

Arroparse los párpados en este mes austero
y caminar con calma más allá del asombro
sin hacer del pretérito constante penitencia.


Luces y sombras




Pude romper el alba, anochecida,
arropando los fríos de tu pecho.
Pude abrir el zaguán de tu barbecho
y hacer mía la sangre de tu herida.

Pude marcarle el rumbo a la deriva
de la deprivación siempre al acecho.
Fue muy larga la noche y muy estrecho
el tránsito del aire por tu vida.

Tú que de mi bogar remero fuiste
a mi franca amistad acogedora
abriste el corazón. Y te rendiste.

Y aunque nos conocimos a deshora
de mi hálito en tu ser amaneciste
y tu voz le dio luz a mi dolora.



Sin respuesta






¿Recordarás tal vez mi poesía
cuando el tiempo de tregua al fin termine
y este ser que la crea y la define
navegue entre el vinagre y la agonía?

¿Hallarás el envés del mediodía
en las oscuridades del camino
cuando el Alma con cántico asesino
esté vagando en búsqueda del día?

Hay veces que mi verso se convierte
en anodina voz que nada espera
más que llegue la hora de su muerte.

Etérea y de cristal mi sementera
se agostará conmigo. Voy inerte
hacia otra dimensión y otra quimera.

Aria saturnal (sextetos lira)




Cuando estás junto a mí
me aprietas la cintura
en medio de un océano imposible.
La mística sufí
se olvida en la aventura
de tu salinidad incontenible.

Porque soy la raíz
de un árbol cuyo fruto
necesita tu boca y te da agua
al mínimo desliz
-tú siempre tan astuto-
produces la erupción del Tungurahua.

Provocas en mi sexo
el fosfeno y la noche
y ese dulce apagón de la conciencia
que se clava en mi plexo
en vuelo de alimoche
con música y enorme virulencia.

Un extraño lenguaje
palpita en nuestras bocas
y en las brumas calientes de mi tacto.
Escudriño salvaje
tu cuerpo cuando invocas
parar el tiempo en el momento exacto.


Y te preguntas cuándo
me cortaré las venas
de las seis de la tarde y sin caricias
para llegar volando
al toque de mis quenas
y gozar del jardín de las delicias.

Y es que eres igual
que una orquesta sonámbula
dulce loco que toca concentrado
un aria saturnal
que reta a mi noctámbula
al insomnio pegada a tu costado.

Seguidillas



En mi pecho se ocultan
constelaciones
y el arpa que quisieras
fuera a tu acorde.
Soy arrecife
de corales que juegan
al escondite.

Voy calando en tus venas
desconocidas
sembrándole palabras
a tu rutina
mientras mi instinto
caballo desbocado
finge que finjo.

No me duele la vida
si el desconcierto
que nutre tus raíces
exuda miedo.
Dejo mi rastro
para alumbrar tus ansias
como regalo.

De antigüedad de lunas
vengo llegando
y penetran mis brasas
hasta tu cuarto.
Soy inquietante
sólo estela de humo
inalcanzable.

Si las penas desbordan
hoy tus bolsillos
agárrate muy fuerte
ven a mi asilo.
Soy una xana
que aunque vive en incendio
es pura calma.

La Xana es uno de los personajes más conocidos de la mitología asturiana y leonesa.

Feed back

Tú le das a mi verso la frescura
si me convierto en tierra de secano,
vaso comunicante que aun lejano
cede  la lluvia que mis males cura.

Tu fuego pirotécnico de altura
estalla en mis adentros, y en tu mano
un ardor decisivo y cotidiano
reconstruye mi anárquica estructura.

No mires hacia el sur, hazlo a mi norte
porque te guíen sus constelaciones
y así poder atravesar las sombras.

Si adviertes compañero mi desnorte
no me dejes llorar por los rincones.
Sólo existo en la luz si tú me nombras.




De la persecución de las palabras- IV





Presta atención a los rodales por donde yo piso; mas no olvides, algún día te enterarás, que como dijo un poeta, adonde tienes que ir es a ti sola. Ojalá no tengas que ir nunca al hondón oscuro de la noche.

Lo tuyo no es la noche.
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