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Jamás seré olvido

He dejado mis surcos abonados
con el fuego interior de mi linaje.
He sabido forjar el andamiaje
de los prodigios que me fueron dados.

Y aunque vientos quemantes y salados
pusieran boca abajo mi paisaje,
con mi pasión, mi fuerza y mi coraje
de mi hábitat  fueron expulsados.

Sentada en la maleza de las horas
soy caricia en la piel de tus quimeras
y la rama de un árbol prohibido.

He de romper las sombras que atesoras
y sofocar tus voces lastimeras
pues seré soledad… mas nunca olvido.


Testamento


Os vuelco la nostalgia como un río
asomado a la lumbre de mis ojos
con las manos
hechas temblor de alas
y estos versos oscuros como ofrenda.

Os vuelco este paisaje de lianas
sobre vuestras pupilas expectantes
hecha huracán mi sangre, y con la soga
de mi sed desatada ante lo incierto.

 Os dejo en testamento  la intemperie
 de los días salobres que he cantado
a la ausencia de ti tan arraigada.

Salgo del tiempo al mar, desvisto el luto
que se encrespó en mi boca
 reencarno
mi amor en las colinas y en el alma
y me dirijo al árbol de la tarde.

Os  dejo en heredad esta ardentía
de mis huesos en par
y un  funeral abrazo de pasiones
por todo lo vivido

Luz y lluvia




El que tenga una luz que no la apague
 y dibuje arcoíris en mis labios,
-lo que será ya ha sido en otros días
y ya desanda el tiempo el calendario-.
Retiradle el  ramaje a mi espesura,
y que borre los símbolos del llanto,
ponedme  los candiles boca arriba
pues se me muere el sol entre estas manos
casi agrietadas ya por la ceguera
de mis ojos de piedra, y de los pasos
que avanzan casi a tientas e iluminan
mi  desierto con lámparas de barro.

Esta llovizna triste apresurada
calándose en los goznes de mis flancos
languidece de frío y  se introduce
entre la greda ardida de mi ánimo
e igual que un borbollón de arcilla rota
de puntillas asciende hasta mis párpados.

Hoy me siento ante el tiempo vulnerable
-perdonad si el discurso tiene cambios-
pero sé que esto es algo pasajero
y volverá mi vida a ser un salmo.

Pero  en  volver a ser la que era antes
decidme… ¿ cuánto tiempo es necesario?






Supongo que de mí no quede nada





Supongo que de mí no quede nada
más que alguna ceniza, acaso el viento,
y un inventario de resentimiento
de antiguo vendaval y agua pasada.

La memoria, quizás descabalada,
se recubra de azules un momento
y recuerde tenaz el movimiento
de una mujer que siempre estuvo atada.

Hoy por hoy, sobrevivo sin careta
en un mundo que rompe el entramado
quimérico, irreal, desvanecido.

¿Perdurarán mis huellas de poeta
en la sangre del verbo derramado?
Entera me jugué. Y me he perdido.

De Dolores a Consuelo

Le sobran muchos motivos
a mis poemas siniestros
para ser letras amargas
y con tintes cenicientos
que ya apuntaban maneras
desde el mismo nacimiento
cuando me parió mi madre
y me marcaron a fuego
en la mente una consigna
“irás muriendo de a poco
en un futuro imperfecto”


No me sobran las razones
para contar por completo
la realidad de mi vida
teñida de gris y negro
las muchas muertes vividas
la intemperie de mis huesos
porque el pudor no me deja
enseñarme por entero.

Poeta soy de nostalgias
de autorretratos en negro
y escribo con tinta china
lo que me muerde en los dedos
con la sangre siempre a punto
de esconderme en mi desierto.

Soy dual, lo sé, y escribo
lo que me quema por dentro
de la luz que guarda el alma
en múltiples recovecos
de la pena de mis ojos
de sueños y de desvelos
 de las hiedras de la angustia
que se crecen en silencio
y aunque rezume tristeza
¿es acaso un sacrilegio?

Taciturna y solitaria
soy mujer de cuerpo entero
carne de espiga y abrazo
y me basta con saberlo.

Debí llamarme Dolores
pero me dicen Consuelo.
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