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Frescura





Tú le das a mi verso la frescura
si me convierto en tierra de secano,
vaso comunicante que aun lejano
cede la lluvia que mis males cura.

Tu fuego pirotécnico de altura
estalla en mis adentros, y en tu mano
un ardor decisivo y cotidiano
reconstruye mi anárquica estructura.

No mires hacia el sur, hazlo a mi norte
porque te guíen sus constelaciones
y así poder atravesar las sombras.

Si adviertes, compañero, mi desnorte
no me dejes llorar por los rincones.
Sólo existo en la luz si tú me nombras.




Coca cola azul (Revival I)





En mi falda escocesa y en mi jersey marino,
en mi melena al viento y en mis ojos cambiantes
según la luz o el día, en el libro estañado
que estudiaba, recuerdas, se acumulaban llamas.
Poblaban el trayecto del autobús. Madrid
se me incendiaba entero sobre el atardecer.

La resbalada seda de mi voz, el mutismo
de cala que se empoza en el mar de mis ojos
verdiazules, entrando en no sé qué velada
transparencia, te alzaban el ánimo y la mente.

Arrodillaba árboles la Castellana, vivos,
como si fuese un rito aguardar mi presencia
o inventariarme un hijo: me daba miedo amar.
Yo sóla me quería, isla anclada en el fuego,
una vestal bebiéndose su coca-cola azul
con pantalón vaquero –quién me rodearía
la cintura sin quemarse la boca-

Secular vas y vienes del siglo veintinueve
mi profesor de olivos por la tarde en mi isla
tan antigua y dorada que ocupa mi tristeza.

Madrid se me hace clásico en el templo de Debod.

Tú me viste entre cientos de turistas en Roma
por la Vía dei Fori Imperiali, mi amigo,
y me descubres hoy debajo de la lluvia
que hace la tarde íntima
en Madrid, un domingo de soledad adulta,
cuando el amor recita de nuevo sus anáforas.

Por el fondo del cuento
Caperucita vengo o voy, no tengo árboles
para llenar mi bolso de selvas recordadas.

Dos mitades





Una mitad de ti me desordena,
la otra es sobre mí un sol llovido
eclipsándome el polvo del olvido
que a tus sueños de loco me encadena.

Una de tus mitades me envenena
si me lanzas tus versos por descuido,
entonces hago honor a mi apellido
y mi sangre real se desenfrena.

Nunca valorarás lo suficiente
cómo salta la cuerda de mis dedos
cuando te lanzas, cuerdo, letra abajo.

Entonces yo me vuelvo transparente
y voy dejando atrás todos mis miedos
lanzándome a escribir con desparpajo.
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